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Walter Benjamin en Xibalbá
Por Luis César Moya - Guatemala,15 de septiembre de 2007

En su octava tesis sobre la historia dice Walter Benjamin que la sorpresa que provoca ser testigo de los horrores que "todavía ocurren" en el presente no tiene nada de filosófico, pues esa sorpresa no se origina "en ningún conocimiento, a no ser el de la idea de la historia que le da origen sea insostenible." [1]

El horrendo presente al que el filósofo alemán se refería – Benjamin habla especificamente "del siglo XX" – era el final de los años 1930 en Europa, el auge del fascismo. "Las tesis sobre el concepto de historia", a las cuales pertenece el pasaje citado, las escribió Benjamin entre septiembre de 1939 y Septiembre de 1940, y constituyen su obra póstuma, su último legado a la filosofía contemporanea. No, Benjamin nunca cruzó el Atlántico: En efecto, él murió en el intento, tratando de cruzar los Pirineos, tratando de escapar del fascimo europeo – alemán y francés, para caer en el español de Franco –, y por tanto nunca estuvo en Guatemala, nunca tuvo idea de lo que significa Xibalbá.

Sin embargo, su sorpresa ante los horrores del fascismo europeo puede ser transportada sin pérdida de indignación al presente guatemalteco. Como Europa en los últimos meses de la vida de Benjamin es Guatemala hoy, y desde hace décadas, escenario de una macabra y sangrienta danza, de bestiales asesinatos y de corrupción sin límites. En Guatemala cadáveres mutilados son encontrados diariamente por docenas; niños son secuestrados para utilizarlos como banco de órganos; mujeres son embarazadas cotidianamente, a menudo violadas, para vender a los bebés en muchas de las cinco mil adopciones que tienen lugar cada año. El general que muy probablemente será electo presidente en noviembre próximo ha admitido publicamente haber gastado 150 millones de quetzales – unos 25 millones de dolares – en dineros públicos, pero que no tiene facturas que legitimen el gasto. El mismo general ha sido involucrado en el asesinato de Juan Gerardi, así cómo en muchas violaciones a los derechos humanos en el area rural. Otro general etnocida ha sido reelecto al congreso. Estas son las caras más públicas del fascismo tropical guatemalteco.

Pero en Guatemala la sorpresa à la Benjamin tiene que ir más allá de la observación indignada de los horrores del presente, y se multiplica ante la reaccion de los guatemaltecos ante el mismo. Un ejemplo: De que escribe el intelectual local más renombrado de la actualidad, un antiguo colaborador de la guerrilla y hoy profesor en universidades españolas, estadounidenses y latinoamericanas? De la sangrienta tradición del país? Del papel jugado por los Estados Unidos en la creación de este interminable y dantesco presente? De la oligarquía, riquísima, inamovible y despiadada? De la infinita, sanguinaria corrupción del ejército? No. Mario Roberto Morales, pues de él se trata, despotrica en sus columnas periodísticas contra ... los blogueros, que comentan la realidad del país en Internet, y contra los indios que se atreven a reivindicar una identidad como tales. Si Benjamin viese hoy Guatemala, seguramente diría que el absurdo es perfectamente normal en Guatemala.

En su novena tésis Benjamin dice que el concepto de historia que daría origen a la sorpresa ante los horrores del presente es insostenible, refiriendose al concepto de la historia como sinónimo de evolución y de progreso. En vez de ello, dice Benjamin en la misma tésis, los luchadores contra el fascismo deberían aprender de "La tradición de los oprimidos (que) nos enseña que el "estado de excepción" en que ahora vivimos es en verdad la regla... Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo."

Esta noción es igualmente aplicable a Guatemala: Su constante regularidad a lo largo de la historia del paía ha constituido al horror en estado normal, el extremismo de derecha – durante la guerra fría anticomunista, hoy simplemente fascista – es en nuestro país la regla. Pero, si en cambio, la noción de que la historia es un proceso evolutivo y de progreso es válida, entonces Guatemala es una sociedad al margen de la historia, paralizada como vive en un agujero oscuro y sin salida, dirigida como está por una élite civil y militar retrógada, corrupta, irresponsable, avara, e inescrupulosa.

En su novela "La larga noche de los pollos blancos", situada en Guatemala a principios de los 1980s, Francisco Goldman cuenta la infrucutosa investigación de un periodista guatemalteco y su amigo gringo de los motivos del asesinato de una amiga común, quien, premonición literaria, dirigía un hospicio para niños en trance de ser adoptados. En la novela, Goldman cuenta que en esos años un grupo de teatro puso en escena en Guatemala la historia de Dracula, adaptándola a la realidad guatemalteca del momento – las víctimas del conde sediento de sangre era indios. La alegoría de Goldman no es falsa: Guatemala es una Transilvania tropical, una sociedad despiada que empala a sus hijos, zombies torturados en una agonía eterna, que se deslizan a lo largo del asta que los atravieza desde el culo hasta la cabeza, descendiendo lentamente al inmundo mar de sangre y mierda que es el subsuelo de su historia.

[1] Todas las traducciones del alemán son del autor, y se refieren al texto publicado en . Gesammelte Schriften, Volumne I/2: "Über den Begriff der Geschichte", 1a edición, Ediciones Suhrkamp, Francfort del Meno, 1972–1999.

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