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Juegos de palabras entre Gereda y Sichar
Por Luis César Moya - Guatemala, 21 de septiembre de 2007

En los últimos meses, un conato de debate ha tenido lugar en las páginas de Albedrío sobre un período particularmente negro de la historia de Guatemala: El sostenido entre los antrópologos Marcela Gereda y Gonzalo Sichar, ella guatemalteca, él español, sobre la política de contrainsurgencia perpetrada por el ejército guatemalteco en los años 1980s[1]. Conato, por que el mismo ha tenido tanto de intercambio de ofensas ad hominem – Gereda trató a Sichar de "esquizofrénico", y de "académico" e "investigador" entre comillas, es decir, de pacotilla; Sichar a Gereda de "paranoíca" y de "hija del embajador de Guatemala en España" y de "burguesa"– como de posiciones irreductibles, a las cuales ambos autores, sobre todo Gereda, aparentemente, no quieren renunciar. Mal asunto, pues, si el propósito del debate es avanzar en el conocimiento y el análisis de nuestra historia.

El debate se centra en el libro de Sichar "“Comunidades arrasadas”, publicado en España recientemente, y en el que el antropólogo describe la política contrainsurgente de tierra arrasada perpetrada por el ejército guatemalteco entre 1982 y 1984. Tema de discordia entre Gereda y Sichar: cómo definir esa política de tierra arrasada? Estaba constituída de "simples" masacres, como afirma Gereda, o más bien constituyó un genocidio, incluso un etnocidio, como sugiere Sichar?

Quizás ayuden para esclarecer el debate un rápido recuento de la historia de la teoría del genocidio, así como un par de definiciones, para comprender el problema: Aunque este debate ya lleva más de 50 años – comenzó en 1943 en Europa, enmedio del horror del nacional socialismo alemán, y se intensificó en los años siguientes, con el esfuerzo de analizar los crímenes contra la humanidad cometidos por el fascismo nazi – no hay hasta hoy una definición generalmente aceptada del mismo. El linguista polaco-judío Raphael Lemkin, quien acuñó el término en 1943, usando los términos griego genos (raza,tribu) y latín cide (asesinato), también sugirió el termino etnocidio como alternativa, esta vez utilizando ethnos (etnia), en vez de genos.

Aunque esta corta etimología ya anticipa una definición de genocidio, baste decir para ilustrar las dificultades del esfuerzo, que renombrados académicos judíos, como Stephen T. Katz, afirman que sólo ha habido un genocidio en la historia – el Holocausto precisamente, la matanza de judíos bajo el nazismo en Europa. Es fácil imaginarse lo que opinan al respecto los tutsies en Ruanda, o, para referirse al caso que nos interesa, los indios del altiplano guatemalteco.

Polémicas aparte, la ambigua definición de genocidio propuesta por Frank Chalk y Kurt Jonassohn ilustra también cuan escurridizo es el tema: Según ambos autores, genocidio "es una forma unidireccional de asesinatos en masa con la cual un estado u otra autoridad intenta destruir a un grupo, siguiendo la definición de ese grupo establecida por el perpetrador."[2] Igualmene imprecisa es la definición dada por Helen Fein: "Genocidio es la política intencional y sostenida destinada a destruir fisicamente a una colectividad, directa o indirectamente, a travez de la prohibición de su reproducción social y biológica, independientemente de que la colectividad víctima represente o no una amenaza o se haya entregado."[3]

En cambio, la Convención de Naciones Unidas para la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio en su artículo 2 propone una exacta taxinomia del mismo: "Constituyen genocidio uno de los siguientes actos, cometidos con el intento de destruir, entera o parcialmente, un grupo nacional, étnico, racial, or religioso:

· Matar a miembros del grupo;
· Provocar serio daño mental o físico a miembros del grupo;
· Infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida que puedan provocar la destrucción física o parcial del mismo;
· Imponer medidas tendientes a reducir la natalidad dentro del grupo;
· Forzar la emigración de niños del grupo hacia otro."[4]

Esta definición debería ser suficiente para clasificar sin ninguna duda la política de tierra arrasada y de desplazamiento y de re-educaciónde los indios de El Quiché, Huehuetenango, y las Verapaces perpetrada por el ejército guatemalteco en los años 1982, 1983 y 1984 como genocidio. En efecto, mucho antes que la CEH y REMHI calificaran esa política como tal en los 1990s, esa calificación ya era común en los análisis de las violaciones a los derechos humanos cometidas en los años 1980s por el ejército guatemalteco realizada por grupos internacionales de prestigio e imparcialidad a toda prueba.[5] Como concluyó la CEH en 1999, "agentes del estado de Guatemala, dentro del marco de las operaciones de contrainsurgencia, llevaron a cabo entre 1981 y 1983, actos de genocidio contra los grupos étnicos mayas que habitaban las cuatro regiones analizadas."[6]

La CEH también recuerda que "la identificación de las comunidades mayas con la insurgencia fue exagerada intencionalmente por el Estado, el cual, basado en prejuicios tradicionales racistas, utilizó está identificación para eliminar cualquier posibilidad presente o futura(de los indios) de proveer ayuda, o incorporarse al proyecto insurgente."[7]

Sin embargo, Gereda se niega a aceptarla. Ella escribe: "Creo que más que “genocidio maya” lo que hubo fue una tremenda masacre de civiles, los miles de civiles muertos lo fueron no por voluntad de extermino étnico sino por una criminal voluntad de control poblacional y territorial, independientemente de la etnia de los colaboradores de la guerrilla."[8] Es decir, Gereda pretende haber elucidado las razones que determinaron la voluntad del ejército a cometer la "tremenda masacre de civiles", para desmentir la calificación de genocidio, pero no revela los factores de evaluación que ella ha usado para arrivar a esa conclusión.

En efecto, sus argumentos principales son citas de trabajos de otros autores, como Mario Roberto Morales o Edelberto Torres Rivas, que, si bien hacen una descripción pertinente de la contrainsurgencia, no sirven, desafortunadamente, para el propósito de Gereda. Pero ella va más allá, y exime a la oligarquía guatemalteca de todo conocimiento, y por tanto, de culpa, del genocidio cometido por el ejército para salvaguardar su hegemonía económica. En su respuesta a Sichar, ella escribe: "Critico severamente que la oligarquía guatemalteca mientras el ejército guatemalteco le defendía sus tierras, este grupo ignoraba que en su país en ese momento se estaba dando una matanza innegable." (El enfásis es del autor.)[9]

Tal afirmación es simplemente falsa: A más tardar a mediados de 1982, las masacres cometidas por el ejército guatemalteco en el altiplano, sobre todo en El Quiché y Huehuetenango eran ya de conocimiento público, tanto nacional como internacionalmente, no sólo gracias a los reportes sobre los derechos humanos de grupos como Amensty International y Americas Watch, sino también de medios de prensa, incluídos algunos reportes, aíslados es cierto, en los diarios guatemaltecos. Pruebas? Destacados miembros de la oligarquía guatemalteca eran asesores íntimos de Ríos Montt, como Harris Whitbeck y Alvaro Contreras Valladares, o Francisco Bianchi. Este último, vocero de Ríos Montt, declaró al New York Times el 20 de Julio de 1982: "Los indios son subversivos, no es cierto? Y cómo uno combate la subversión? Claramente, uno tiene que matar a los indios."[10] Dos días antes, el 18 de julio, había tenido lugar la masacre de Plan de Sánchez, Baja Verapaz, donde el ejército asesinó a 268 indios maya-achi.

Como podía ignorar esto la oligarquía guatemalteca en aquella época?

La afirmación de Gereda solo puede ser producto de enormes lagunas en su conocimiento de la historia reciente guatemalteca, y de una gran inocencia, o de un empecinamiento inexplicable a rechazar la incontrovertible realidad factual. Cualesquiera sus razones, son penosas en una antrópologa que denuncia sin piedad el trabajo de sus colegas extranjeros por "maniqueos y manipuladores."[11]

Un poco más laborioso es determinar si el genocidio cometido por el ejército guatemalteco puede ser catalogado también de etnocidio o no. Según Chaumont, constituye etnocidio "la destrucción intencional de un grupo, aunque esta no implique necesariamente el asesinato o el daño físico de la victima. Pero un etnocidio puede ser genocida, si quienes lo perpetran creen que asesinar a un a parte substancial del grupo víctima, por ejemplo, su élite, es una forma más efectiva de destrucción."[12]

Como Gereda se empecina en rechazar los trabajos de los "académicos" extranjeros en Guatemala (las comillas son suyas) como ilegítimos para evaluar nuestra historia, vale la pena aclarar aquí que Chaumont, sociólogo y filósofo belga, es un estudioso del Holocausto, es decir, del genocidio nazi contra los judíos, y que nunca ha trabajado, ni de lejos, en Centro América. Su definición, sin embargo, le viene como anillo al dedo a la política de contrainsurgencia del ejército guatemalteco de los 1980s, marcada como estaba por una política cuasi científica de asesinatos en masa, y de destrucción de las identidades indias.

Para comprobar esto, es necesario estudiar el Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo, elaborado por la élite militar que organizó el golpe de estado de marzo de 1982, y que estaba dirigida por los entonces coroneles Héctor Gramajo, César Augusto Cáceres Rojas, y Rodolfo Lobos Zamora, y su puesta en práctica. Este plan, constituído de cinco etapas, se basaba en la comprensión que la política tradicional de terror aplicada por el ejército hasta entonces ( la "tremenda masacre de civiles" de que habla Gereda) había fracasado para derrotar a la guerrilla, y que era necesaria una nueva contrainsurgencia, que incluyera, aparte de lo estrictamente represivo, aspectos de re-educación, tanto étnicos como sociales, y de desplazamiento y estricto control de poblaciones.

Fundamentales para la determinación de si tal política fué genocida y etnocida, son las fases Victoria 82, Firmeza 83, y Re-encuentro Institucional 84, del referido plan. La primera fase, de la tierra arrasada propiamente dicha, y también conocida en el interior del ejército bajo el sugestivo título de "Operación Ceniza", apuntaba a, para decirlo eufemisticamente, la eliminación de la subversión en las llamadas areas de conflicto – El Quiché y Huehuetenango –, especialmente de las comunidades clasificadas como "rojas", es decir, bajo control de la guerilla. Es durante esta fase que fueron cometidas la mayor parte de las masacres contra los indios, así como de los asesinatos de sus líderes. En Firmeza 83, el ejército, paralelamente a la continuación de la política de tierra arrasada, creó y extendió las llamadas "patrullas de autodefensa civil", tristemente célebres por la brutalidad de sus actos, así como por su composición étnica y la de sus víctimas, así como el recrutamiento de indios para propósitos de espionaje interno, y como mano de obra en proyectos de infraestructura necesarios para el plan. La fase siguiente, Encuentro Institucional 84, no sólo preparó las elecciones de 1986, sino, más importante aún para el propósito de este artículo, lanzó el plan de las llamadas aldeas modelo – verdaderos campos de concentración – en las areas escenario del mayor número de masacres – el triángulo Ixil y Playa Grande en El Quiché, Chisec, en Alta Verapaz, y Chacaj en Huehuetenango.[13] En las aldeas modelo, y a travez de planes de re-educación, el ejército intentó minar las tradiciones indias más esenciales, con el propósito de destruir las identidades y los mecanismos de cohesión y acción colectiva de sus comunidades.

Gereda tiene razón cuando dice que la discusión sobre hubo genocidio o etnocidio o no en Guatemala "puede tornarse juego de palabras: si por genocidio se entiende la matanza de un grupo étnico, pues formalistamente sí se puede hablar de genocidio indígena."[14] Formalistamente?! Masacres hubo, la mayoría de los muertos fueron indios, y sus muertes fueron asesinatos masivos, es decir, actos criminales intencionales. Aparte, hubo asesinatos específicos de lideres indios, planeados y ejecutados con precisión cuasi científica. Eso se llama genocidio. Pero, además de la destrucción física parcial de los indios, el ejército y la oligarquía diseñaron también un plan de destrucción de sus identidades, a travez de la reubicación de sus poblados, de control poblacional, y de re-educación. Eso se llama etnocidio. Lo demás es en verdad juego de palabras.


[1] Ver Gereda, Marcela: Esquizofrenia en la academia, Albedrío, 11 de marzo de 2007; Sichar, Gonzalo: Paranoia en la elite guatemalteca, Albedrío, 31 de agosto d3 2007; Gereda, Marcela: Es el caso de reflexionar, Albedrío, 29 de agosto de 2007.

[2] Chalk, Frank; Jonassohn, Kurt (1990:23): The History and Sociology of Genocide: Analyses and Case Studies. New Haven and London: Yale University Press. El texto original en ingles dice: "Genocide is a form of one-sided mass killing in which a state or other authority intends to destroy a group, as that group and membership in it are defined by the perpetrator." Las traducciones son del autor.

[3] Fein, Helen (1993:24): Genocide: A Sociological Perspective. London et al.: Sage. “Genocide is a sustained purposeful action by a perpetrator to physically destroy a collectivity directly or indirectly, through interdiction of the biological and social reproduction of group members, sustained regardless of the surrender or lack of threat offered by the victim.”

[4] UN Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide, Article 2. Ver en http://www.unhchr.ch/html/menu3/b/p_genoci.htm

[5] Ver, por ejemplo, los diferentes reportes de Amnesty International y Americas Watch sobre Guatemala desde 1982.

[6] Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) (1999:§122): Guatemala, memoria del silencio, 12 tomos. Las cuatro regiones en cuestión son Barillas, Nentón y San Mateo Ixtatán en Huehuetenango; Nebaj, Cotzal y Chajul, en El Quiché; Joyabaj, Zacualpa y Chiché, también en El Quiché, y Rabinal, en Baja Verapaz.La cita es una traducción de la versión en inglés del reporte, y accesible vía internet en http://shr.aaas.org/guatemala/ceh/report/english/toc.html

[7] CEH 1999:V, § 31.

[8] Es el caso de reflexionar

[9] Ibidem.

[10] “The guerillas won over many Indian collaborators, therefore the Indians were subversive, right? And how do you fight subversion? Clearly you had to kill Indians because they were collaborating with subversion.” (The New York Times, July 20, 1982.)

[11] Esquizofrenia en la academia.

[12] Chaumont, Jean-Michel (1997): La Concurrence des victimes : génocide, identité, reconnaissance, La Decouverte, Paris. El pasaje citado ha sido tomado de su traducción alemana: Chaumont (2001-186)Die Konkurrenz der Opfer. Lüneburg.

[13] En otro contexto, Michel Foucault definió las aldeas modelos como "un espacio cerrado, perfectamente segmentado, bajo constante observación desde todo punto de vista." En Foucault, Michel (1975:186): Surveiller et punir – la naissance de la prison, Editions Gallimard, Paris.

[14] "Es el caso de reflexionar."

 

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