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Monkey's money
Por Luis César Moya - Guatemala, 25 de septiembre de 2007

Preguntado por las razones de las crisis financieras, el economista Charles Kindleberger respondía con una expresión que él podría haber aprendido en Guatemala: Monkey sees, monkey does, decía Kindleberger a manera de explicación. Lo que hace el mico, hace el mono.

Aunque la respuesta de Kindleberger parece lapidaria, y es correcta, también es parcial y todavía muy generosa con los corredores de bolsa. Porqué enmascarado detrás del engañoso glamour de estos abogados y economistas se esconde algo peor que la imbécil actitud del mono de copiar a su vecino sin reflexionar y sin fundamentar sus propias acciones en bases racionales: El mono de la bolsa es, además de codicioso, perfectamente irresponsable. Con ello, él y los mercados financieros internacionales resumen los peores vicios del neoliberalismo. Pruebas? La presente crisis de las hipotecas en los Estados Unidos, convertida en global, por la deregulación, la falta de transparencia de los mercados financieros, y su imbricada interconexión con la economía real, es decir, con la producción de bienes y servicios.

Ningún sector de la economía actual es tan globalizada y desregularizada como la financiera. Estas características permiten a sus operadores actuar sin ningún control, y concebir complicados procesos de comercio de "títulos de valor", como acciones, hipotecas, opciones, y demás, sin preocuparse de fronteras o de aduanas. Este fatal casino virtual permite también a los operadores bursátiles – fondos de pensión, especulativos, bancos, y similares – acumular extraordinarias ganancias, siguiendo el falso slogan de "hacer trabajar el dinero." Aunque oficialmente el objetivo de los mercados financieros es poner a disposición de la economía dinero, en términos técnicos liquidez, de manera accesible y fácil, de sus operaciones se desprenden también regularmente objetivos perversos: Hacer plata irresponsablemente, incluso de manera criminal. El caso de Enron lo ha probado. Los de los bancos y fondos especulativos en quiebra en estos días también.

Los corredores bursátiles saben que sus operaciones de alto riesgo en la economía virtual de las finanzas entrañan destructivas e incalculables consequencias para la economía real. También, que mientras no haya crisis y los índices aumenten, se ganarán la admiración de los inocentes, sin tener que temer control alguno sobre sus operaciones. Y que cuando los ominosos errores de las mismas salgan a la vista, como en la crisis actual, los bancos centrales – en una palabra,el estado – saltará a su rescate, para limitar las nefastas consecuencias para la economía real, ya sea bajando las tasas de interés, poniendo a disposición de bancos y fondos dinero suficiente para que puedan seguir operando, o asumiendo las pérdidas. O todo a la vez. Ya ocurrió en la crisis mexicana de 1994, en la crisis global financiera de 1997, en la de 2001. Y seguirá ocurriendo.

Es lo que los economistas llaman "riesgo moral". Como los operadores financieros saben que el estado no puede permitirse que la crisis se contagie a la economía real, so pena de enfrentarse a una recesión incontrolable, y que actuará como prestamista de última instancia para socializar las pérdidas, actúan de manera irresponsable y se permiten todo tipo de riesgos. Porque la llamada liberalización de los mercados financieros – es decir, la no intervención del estado en sus mecanismos – sólo funciona en una vía: La de las ganancias. Cuando hay perdidas, es el estado quien tiene que tirar el salvavidas. Así de ético es el neo liberalismo.

La econonomía financiera también desactiva todos los mecanismos racionales utilizados tradicionalmente en otras areas de la acción económica humana. Por ejemplo, en las operaciones bursátiles el comercio de los títulos aumenta con los precios y con los riesgos – y no al revés. Si el azúcar aumenta de precio, normalmente usted reduce su consumo del producto y busca un sustituto. En la bolsa no: Mientras más altos los precios de los "títulos de valor", más se venden. En la crisis hipotecaria de los Estados Unidos esta disfunción entre precio y demanda se tradujo en que cuánto más riesgo llevaba consigo un título hipotecario, porque la capacidad de los endeudados a pagar era mínima o inexistente, menos seguro era el mismo, y en principio menos atractivo. Pero por ello mismo los fondos especulativos pagaron más por él, haciendolo más rentable. Es decir, el alto riesgo paga, hasta que la burbuja estalla.

Esta actitud ha llevado a Jeremy Grantham, gerente de un fondo de inversión en los Estados Unidos, a emular a Kindleberger y hacer otra contribución a la zoología de las finanzas internacionales. Grantham comparó la bolsa con un brontosauro, "que fue mordido en la cola. El dolor se mueve lentamente a travez de su columna vertebral, hasta que alcanza el diminuto cerebro del animal." Entonces, y solo entonces, el bruto coletea. Lo que queda es un paisaje en ruinas, inhóspito, lleno de dinero de juguete – y pérdidas sociales enormes, y algunos monos, muy pero muy ricos.

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