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Los vasallos
Por Luis César Moya - Fraiburgo, Alemania, 15 de octubre de 2007

Gracias a su ilimitada capacidad de abstracción, y a la plasticidad de sus palabras, el idioma aleman permite a quienes lo hablan la creación de términos de gran complejidad. [1] De zeitgeist y weltanschauung y realpolitik a kindergarten y volkswagen , el alemán ha aportado al patrimonio linguístico internacional conceptos de difícil traducción, pero que, en su versión original, cuando usadas fuera de Alemania, transmiten ideas densas y elásticas y, a pesar de todo, comprensibles.

Una más podría ser Der Untertan, traducido literalmente el súbdito, o, mejor (o peor, depende) aún, el vasallo. En alemán, la palabra tiene hoy una connotación política peyorativa, que va mucho más allá de su propiamente civil, que sólo describe, como dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, al "s ujeto a la autoridad de un superior con obligación de obedecerle", o bien, al "natural o ciudadano de un país en cuanto sujeto a las autoridades políticas de este." En alemán, un untertan es un oportunista de derecha, obediente a la autoridad, lambeculos, misógino, intrigante, y si la oportunidad se le presenta, denunciante y/o torturador de su propio pueblo.

Esta acepción fué acuñada por Heinrich Mann con su novela del mismo nombre, Der Untertan, concluída en 1914, justo antes del principio de la primera guerra mundial, y publicada en entregas periódicas en un diario de la época, y, ya como libro, finalmente, en 1917. Al protagonista principal de su relato, Diederich Hessling, Mann lo describe como un mediocre agitador en favor de la monarquía wilhelminista, un cobarde enemigo del proletariado y de todo lo que represente avance social. Der Untertan es una drástica, corrosiva sátira de la sociedad prusiana de principios del siglo XX, dominada por el temor y la disciplina del estado totalitario, y por la socialización bajo estos signos de sus vasallos de más bajos instintos. Diederich sufre durante su niñez de las humillaciones del patojo debilucho, crece como un cobarde, para, ya como adulto, convertirse en un oportunista político, que incluso saluda la ejecución sumarial de manifestantes por la democracia. En Diederich se materializa el sentido de pertenencia a una totalidad impersonal, a un organismo cruel, maquinal e inhumano, concebido para despreciar y destruir toda ambición civilizatoria del individuo. Der Untertan es a la vez un vasallo, cobarde y obediente frente a la autoridad, independiente de cuan ilegítima sea esta, y un tirano cuando él está en posición dominante ante los desposeídos. En este despiadado retrato sicológico del vasallo, Mann hace a Diederich transferir el fracaso de su evolución interna personal hacia aquellos a quienes él considera como más débiles, menos protegidos que él. La máxima de su vida es: Quien quiere patear a su prójimo, tiene él mismo que dejarse patear. Que Diederich con semejantes "virtudes" escale sin problemas la escalera social y política de su ciudad no sorprende: El estado totalitario casi siempre premia, aunque sólo sea temporalmente, a sus peores vasallos.

Der Untertan ha estimulado a lo largo del último siglo numerosos estudios sobre la personalidad típica de los Diedirich de nuestro mundo. Kurt Tucholsky describió la novela de Mann como "el herbolario del hombre alemán." [2] Feministas han visto en Diederich el macho arquetípico. [3] Más recientemente, en el marco del estudio de la llamada "guerra contra el terror" lanzada por el gobierno estadounidense de George W. Bush, algunos politólogos quieren ver en el servilismo y la obediencia del Untertan las características demandadas por ese nuevo imperialismo gringo a sus alíados, a los cuales Washington ve como sus vasallos. [4]

Quien sería, en Guatemala, el geistiger Bruder (hermano espiritual) del untertan alemán, de Diederich Hessling? El caporal de finca y el jefe de ingenio sin dudas, rastreros y obedientes ante el oligarca, mutantes en guía de esclavos frente a jornaleros y campesinos. El guardaespaldas, servil ante su patrón, agresivo y violento con su mujer, sus hijos, y todo otro que no tenga una pistola a la mano. El tenientito y el policía y el oreja, agachados ante el general, torturadores y denunciantes a la primera ocasión. Y, más dificil de identificar, ciertos intelectuales, otrora de izquierda, de vuelta de sus convicciones de cuando tenían 25 años, controlando con pena sus alcoholismos y sus neurosis y sus decepciones, hoy convertidos en burócratas los menos suertudos, en disputantes públicos los otros, habiendo todos ganado sus puestos y su prestigio actual traicionando a quienes un día no muy lejano fueron el leitmotif de sus luchas.


[1] Quienes hayan intentado leer a Martin Heidegger en alemán y en castellano comprenderán esta afirmación.

[2] Tucholsky publicó su recensión de la novela de Mann bajo el seudónimo de Ignaz Wrobel en el periódico alemán de la época Die Weltbühne. Editado por Siegfried Jacobsohn, año 15, 1919, Nr. 13, páginas 317-321.

[3] Monika Hummelt-Wittke (1988-páginas 43-51) "Heinrich Mann, Der Untertan: Eine Interpretation". Oldenbourg Schulbuchverlag, Oldenburg, Alemania.

[4] Ver Steffens, Gerd (2003): Der Weltbürger als Untertan? Macht, Öffentlichkeit und politische Sozialisation in der neuen Weltpolitik. ("El ciudadano del mundo como vasallo? Poder, opinión pública y socialización en la nueva política mundial") Accesible en Internet en http://www.uni-kassel.de/fb5/politikwissenschaft/Didaktik/Untertan.pdf

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