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El país de la eterna intolerancia - Que aprenda a tratar a las putas como Dios manda
Por Lucía Escobar - Guatemala, 22 de septiembre de 2004
lucia@elperiodico.com.gt

Ayer acompañé a las “sexo servidoras” (como ahora les llaman) que trabajan en la línea del tren, a Futeca zona 14. Muy serenas, iban a ver cuál era su situación en el campeonato de mujeres al que se inscribieron con el nombre de “Estrellas”. Habían tenido el primer partido el sábado pasado contra las “Ice Devils”. Perdieron 2 a 5.

Según me cuentan, las niñas del Colegio Americano se portaron muy educadas y tolerantes con sus contrincantes hasta que sus padres pegaron el grito en el cielo y les dijeron que tuvieran cuidado con el sudor sidoso de las jugadoras del otro equipo. Es increíble que señores tan “educados” sean tan ignorantes y prejuiciosos.

Pero más impresionante fue la actitud de Eduardo Navas, gerente general o mejor dicho capataz de Futeca, ayer cuando expulsó a las prostitutas del campeonato y de las instalaciones. Verlo chasquear los dedos y amenazar con llamar a la Policía me hizo recordar que Guatemala sigue siendo una finca. En ningún momento les explicó qué parte del reglamento interno violaron. No las dejó ni siquiera hablar, no les dio razones lógicas para negarles su derecho humano a recrearse. Las echó repitiendo como lorito “esto es propiedad privada y yo dejo entrar a quien quiero”. Alguien tendría que leerle a este tipo la Biblia para que aprenda a tratar a las putas como Dios manda.

Ellas, ese sábado del partido, habían estado felices por sentirse como jugadoras de fútbol y parte de la sociedad. Habían preparado un manifiesto donde pedían ser vistas como mujeres y madres antes que prostitutas, pedían protección ante la violencia y condiciones laborales dignas. Exigían ser tratadas como humanas y no expulsadas como perras.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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