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El sol con un dedo
Por Lucía Escobar - Guatemala, 18 de mayo de 2005
lucia@elperiodico.com.gt

El arte es capaz de transformar la vida de las personas.

Aveces me da la impresión de que nuestras flamantes autoridades policíacas son especialistas en cirugía estética y que no saben nada de criminalidad. Se preocupan por las apariencias, pero no van al fondo del asunto. Tienen una fijación con el exterior y ningún deseo de resolver seriamente los problemas.

Vea usted cómo tratan el tema de las pandillas. Primero le ponen énfasis a los tatuajes y gastan dinero en hacer campañas para borrarlos, o leyes para tipificarlo como delito. ¿En qué ayuda esto a la población? ¿Cómo resuelve esta medida la criminalidad del país?

Luego se les ocurre la maravillosa y onerosa idea de borrar cuanto graffiti encuentren. “Para devolverle la dignidad a las personas”, tiene el descaro de decir un oficial. ¿De qué diablos sirve que pinten paredes? Si como el mismo Sperisen reconoce: “Los mareros harán de nuevo sus pintas, pero nosotros volveremos a pintar y veremos quién se cansa primero”. ¡Oh... Que inteligente y eficiente manera de pensar!

¡Va! Imagínense que gana la Policía; que los mareros cansados de ir por la noche a graffitear paredes, deciden no volverlo a hacer. ¿Se acabarán con esto las maras o solo eliminarán una de las pocas expresiones “artísticas” a las que tienen acceso estos jóvenes? Y las personas que viven en esas colonias, ¿dejarán de ser amenazadas, robadas, ultrajadas o solo tendrán una pared más blanca? ¿Por qué no mejor proponen un concurso de graffiti e intentan curar por medio de la pintura la agresividad? Está demostrado que la música, el teatro, el arte en general es capaz de transformar la vida de muchas personas.

Quizá con programas de reinserción para los jóvenes, creando áreas de recreación y deportes, fuentes de trabajo, y educando y mejorando la calidad de vida de los guatemaltecos, algún día recuperaremos la dignidad.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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