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El país del chapuz
Por Lucía Escobar - Guatemala, 25 de mayo de 2005
lucia@elperiodico.com.gt

Cuando por fin están listos, ya no sirven.

Genial inventiva la del guatemalteco que cuando algo no sirve intenta siempre componerlo con un chapuz. Chapucear es entonces en chapín, el arte de trabajar mal y de prisa algo para que funcione al menos un tiempecito. El problema es que esta lógica de sobrevivencia la aplica también en todos los ámbitos de la vida diaria, como los políticos y administrativos.

Así pues, estamos gobernados por chapuceros que ante los inmensos problemas estructurales que tiene el país, prefieren hacer como que hacen, para salvar la pena del momento, aunque dentro de un par de años, el caos sea peor. Es el caso del aeropuerto La Aurora, que fue tragado por la ciudad, no tiene para donde ampliarse y se encuentra en una ubicación peligrosa y que ha llegado a ser mortal. Sin embargo, el gobierno de turno sigue huyendo de la responsabilidad de crear un nuevo aeropuerto con las características ideales del nuevo siglo, y prefieren chapucear el viejo aunque gasten millones en el arreglo.

Lo mismo sucede con las calles y avenidas de Guatemala, que cada día se ven inundadas por más y más carros, rebasando sus capacidades. Las autoridades hacen puentes, acueductos, pasos a desnivel, pero tardan tanto en hacerlos que cuando por fin están listos, ya no sirven, son obsoletos y el tráfico de nuevo ha ganado. Los baches de las calles son el mejor ejemplo de lo que hablo.

El caso es más grave cuando hablamos de educación. En un país con tantas carencias de escuelas, de infraestructura, de material, con pésima calidad educativa, y encima las autoridades invierten el dinero en cosas superficiales como pintar las paredes y además lo promocionan como que si fuese la gran cosa.

Algún día quizá aprenderemos a solucionar los problemas a largo plazo, comprenderemos que con un poquito más de atención y esfuerzo las cosas salen mejor, duran más y dejan mayores satisfacciones.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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