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La que se nos viene
Por Laura E. Asturias - Guatemala, 17 de mayo de 2007
deciloclaro@itelgua.com

El solo hecho de pensar en la campaña electoral me da ganas de salir volando a alguna islita donde pueda observar pájaros, hablar con monos y desentenderme de la fauna política local.

Desde antes que fuera legal cualquier proselitismo, Otto Pérez Molina nos dio una buena idea de por dónde iría su iguana. Con mensajes que visual y verbalmente estigmatizan a las pandillas, sabemos que aunque hable de combatir el crimen organizado, al final no lo hará porque las más grandes mafias son las que invierten mayores cantidades de dinero en las campañas de los candidatos a cargos de alto nivel, y el militar no está libre de sospecha mientras no sepamos de dónde viene el financiamiento de la suya.

Apenas un botón de muestra de la compra de voluntades fue el caso de los diputados salvadoreños, asesinados en Guatemala, que habrían venido aquí a sobornar al otro aspirante, Álvaro Colom, para que se hiciera de la vista gorda en cuanto al tráfico de drogas. Y es peor ahora que está aún más globalizado el crimen transnacional. Si los narcóticos suelen viajar fácilmente del sur al norte, seguirán pasando también sin problema los capitales que aseguren que aquéllos lleguen a su destino. Y qué mejor que ayudar a financiar la campaña presidencial de cualquiera en este país-puente para ir pavimentando caminos en ese sentido.

“¡Dios bendiga a Guatemala!”, le oímos decir a Alejandro Giammattei, que con dedo firme apuntando al cielo quiere seducir al electorado cristiano (no vaya a ser que salga por ahí algún “riomonttano” que acapare el voto evangélico). Otro que ofrece seguridad “de la puerta de su casa hacia fuera”. Y también hacia adentro, pues afirma que llevará el desarrollo a todos los hogares guatemaltecos (versión actualizada de “con la GANA ganamos todos”, y ya hemos visto adónde nos trajo la cancioncita de Óscar Berger).

Además, Giammattei ha puesto a su esposa a hablar bien de él. No digo que sean falsas las cosas que ella con voz dulce y suave afirma (tampoco me consta que sean ciertas), pero hay algo intrínsecamente viciado en poner a la esposa a enumerar sus cualidades. ¿Qué otra cosa va a decir una mujer de su marido en una campaña presidencial? Y si nos dejamos llevar por los halagos electoreros que al candidato le están haciendo sus amigos, no nos extrañe que un posible triunfo de la GANA se traduzca, otra vez, en un gobierno plagado de compadrazgos que sólo benefician al empresariado y a los latifundistas.

Volviendo a la señora, yo preferiría escucharla hablar de lo que ella misma haría al frente de la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente y cómo pondrá en práctica los principios de la SOSEP: solidaridad, transparencia, ética y equidad. Porque es un hecho que esta instancia se ha quedado muy corta y sus programas cumplen su misión manifiesta sólo en tanto no lleguen a poner en peligro, y mucho menos desbaratar, al sistema patriarcal y “la familia” siga siendo lo que siempre ha sido.

Comentaría también algo sobre las perspectivas que Rigoberta Menchú Tum tiene para el país, pero de ella no he vuelto a saber. ¿Alguien la ha visto?

De la izquierda (ojo: no hablo de Rigoberta pues ella no es comanche) me molesta el lema “Con toda seguridad”, al parecer el único que se les ocurrió a los compas, porque eso es como medir fuerzas con las de Pérez Molina. Es hacerle el juego tomando su mensaje fundamental. Soy consciente que de la izquierda, por perdida que haya andado hasta hace unos meses, cuando se fue consolidando en el Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ), jamás se podrá esperar un gobierno “a raya” como el que tendríamos con Pérez Molina. Y precisamente por eso era deseable un lema fuerte que no suene a cliché militar, algo más apegado a lo que este pueblo anhela y necesita. En algunos comunicados he visto “Sin Maíz no hay país” y eso me gusta más, aunque en esta era es necesario aclarar que tampoco queremos maíz transgénico...

Por otro lado, me encantó la conformación de la Colectiva de Mujeres Feministas de Izquierda para hacer una diferencia en la correlación de fuerzas en ese ámbito, donde muchos hombres (según afirman mujeres de izquierda) aún no entienden el rollo de la paridad y, por lo mismo, no están exentos de comportarse igual que cualquiera de derecha. Así que me parece alentador que ¡al fin! una mujer haya sido postulada por MAIZ como candidata a la vicepresidencia. Walda Barrios-Klee goza de credibilidad por su reconocida trayectoria de izquierda, una bendición aquí donde la derecha es cada vez más conservadora.

Aun así, admito que lo que más me afecta como votante potencial es que, siendo parte de un enorme colectivo genérico, sé “con toda seguridad” que tampoco en esta campaña electoral las mujeres estaremos representadas equitativamente, pese a los esfuerzos de muchas compañeras por equilibrar la balanza. Eso me desanima porque al final no importará mucho a quién le dé mi voto, si llego a emitirlo: volverá a estar al frente de este país un hombre para quien, como de costumbre, la situación de las mujeres, de la infancia y de los hombres más pobres no tendrá mayor peso, al menos no en la medida en que Guatemala lo necesita para salir del subdesarrollo en que se encuentra sumida. Quisiera no creerlo, pero será de nuevo un presidente que le hará el juego al Norte y le seguirá vendiendo (a precio de quemazón) los recursos de nuestra tierra.

Como mujer, lo más desalentador es saber a ciencia cierta que ninguno de los candidatos, una vez apoltronado en el poder, estará dispuesto a cuestionar los privilegios masculinos que hacen de Guatemala uno de los países menos equitativos y más corruptos del planeta y, por ende, también uno de los más pobres.

Es cierto que mucho puede ocurrir de aquí a septiembre pero, como un día escuché a alguien decir: No es lo mismo verla venir... que tenerla adentro.

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