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La lenta agonía del Motagua
Por Luis Fernando Levi - Guatemala, 3 de abril de 2005

Es impresionante contemplar la acelerada destrucción de la belleza natural de Guatemala, y que continuamos a pasos agigantados precipitando el colapso ecológico del “País de la eterna primavera”.

Hace unos días pasé el puente sobre el río Motagua, en la carretera que conduce hacia Estanzuela, Zacapa, y desde el automóvil observé el dantesco paraje que hoy presenta el río más largo de Guatemala: un retorcido riachuelo cundido de llantas usadas medio sumergidas en la arena que un día estuviera a varios metros bajo el agua del otrora caudaloso río. Un cuadro estremecedor, fiel testimonio de la lenta agonía del Motagua, de la contaminación ambiental, la irresponsabilidad y el desamor por nuestra tierra.

Al tiempo que observaba el triste cuadro, oía en la radio la noticia de que el gobernador de Zacapa, César Augusto Paiz, pidió ayuda al gobierno central para aliviar los problemas de la población zacapaneca causados por la aguda escasez de agua. La asistencia solicitada es para adquirir equipo de perforación de pozos y bombeo de agua, para suministrar a la población afectada. ¿Pero cuánto tiempo van a ser útiles estos pozos, si los mantos freáticos dependen del agua de lluvia que baja de las montañas para reabastecerse? El comentarista de la radio mencionó que el gobernador atañe la escasez del vital líquido a la deforestación, producto de la tala ilegal de árboles en la Sierra de las Minas, cerca de los nacimientos de agua.

Coincidentemente, momentos antes conversé con un finquero de Teculután, quien me indicó que de la montaña bajan constantemente camiones cargados de trozas (troncos) de árboles recién talados, y que a pesar de múltiples quejas ante las autoridades, nada se hace para detener este crimen ecológico. Aparte de medidas de emergencia, el gobierno debe implementar programas de reforestación y protección eficaz de las “áreas protegidas” y parques nacionales, para salvar nuestros bosques, lagos, ríos y el medio ambiente en general.

Si no actuamos con rapidez para detener la depredación y la explotación insostenible de nuestros recursos naturales, en pocos años el río Motagua y sus tributarios se extinguirán por completo y con ello se agudizarán la pobreza y el hambre en Guatemala. Recordemos que el agua que hoy bebemos la bebieron los dinosaurios hace 400 millones de años.

Tomado de www.elperiodico.com.gt - Sección de lectores


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