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Los datos revelados
Por Luis Fernando Levi - Guatemala, 2 de octubre de 2005

Los datos revelados por las Encuestas Nacionales sobre Salud Materno Infantil (ENSMI) colocan a Guatemala a la par de Uganda o Nepal, debido a nuestro alto índice de desnutrición en niños menores de cinco años, el más alto nivel en Latinoamérica.

Esta crisis nacional debe enfrentarse como una catástrofe provocada por un terremoto o un huracán más poderoso que el Mitch, que afecta a todos los guatemaltecos sin excepción. La única diferencia es que esta crisis pudo ser prevenida, se anunció hace décadas y hoy se agrava debido a la politiquería de nuestros gobernantes y la indiferencia de la sociedad civil.

Aquí debemos hacer toda clase de cuestionamientos al desgobierno de Berger, por ejemplo: después de casi dos años en el poder, ¿han implementado programas efectivos para la reducción de la desnutrición en Guatemala? Conociendo las estadísticas y los resultados de investigación de campo, ¿continuará Berger despilfarrando cientos de millones de quetzales en los militares? ¿Le dará pena, aunque sea un poco de pena, al Ministerio de la Defensa Nacional esta situación? ¿Qué es más urgente?: la “modernización” del Ejército o el rescate de la niñez guatemalteca, el recurso más importante del país.

Los diputados del Congreso y todos los funcionarios del desgobierno de Berger deberían donar el 75 por ciento de sus desproporcionados salarios y “prestaciones” a programas de educación y alimentación para los más necesitados. Los miembros de la sociedad civil con vastos recursos económicos podrían tender una mano a sus conciudadanos menos afortunados, sin por ello perder sus fortunas y así alcanzar un pedacito del cielo con tan buena acción. No esperemos que vengan donaciones del extranjero para aliviar nuestros problemas, es nuestra obligación resolver esta crisis nutricional y cultural. La respuesta a nuestros problemas está en nuestra buena voluntad.

También la Iglesia (católica, protestante o cualquier otra denominación) debería examinar su postura respecto al control de la natalidad, Guatemala ya no puede con la explosión demográfica. A la mayoría de la población le atemorizan y confunden los arcaicos dogmas religiosos y no comprenden que las leyes del capitalismo de “oferta y demanda” aplican en el mercado de oportunidades de trabajo e inversión, donde el nivel educativo y desarrollo del oferente son factores determinantes para quien aspira al éxito económico.

La ignorancia es nuestro peor enemigo. En Guatemala urgen programas de educación, alimentación y planificación familiar. Después de haber cumplido con los mínimos requisitos del nivel de vida de la población en general, entonces podremos negociar en cualquier TLC y tendremos una oportunidad real hacia desarrollo económico colectivo con dignidad. Recordemos: la apatía es una opción letal.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - Sección de lectores


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