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Paraíso de asesinos misóginos
Por Louisa Reynolds - Guatemala, 27 de septiembre de 2007

Feminicidios aumentan, y más brutales que nunca.

Indiana Barrios Recinos, de 27 años, acababa de dejar a sus dos hijos en la escuela y estaba subiendo a su auto cuando fue abatida de cuatro disparos a la cabeza por su ex esposo, Rodrigo Maldonado, con quien estaba disputando en los tribunales la custodia de los niños. El asesinato ocurrió en la zona 11 de Ciudad de Guatemala, un distrito de clase media residencial.

Dos horas después, el mismo día 10 de agosto, se encontró el cuerpo de una mujer en Loma Alta, pequeño poblado en San Juan Sacatepéquez, a unas dos horas de Ciudad de Guatemala. La mujer, de entre 18 y 20 años, había sido asesinada con un instrumento punzocortante, y sobre su estómago se leía un mensaje escrito con bolígrafo que decía “Por cobrar impuestos”.

Esta joven, posiblemente integrante de una pandilla juvenil, nunca fue identificada, y sus restos fueron enterrados en una bolsa con el simple rótulo XX en una fosa común.

El feminicidio está alcanzando proporciones epidémicas en algunos países centroamericanos, particularmente Guatemala y El Salvador. Las estadísticas son escalofriantes: entre el 2002 y el 2006 fueron asesinadas 1,398 mujeres en Guatemala, según la Policía Nacional.

En lo que va de este año ya han sido asesinadas 271 mujeres y 35 niñas en Guatemala, y pese a campañas realizadas por grupos de mujeres y organizaciones de derechos humanos, la espiral de la violencia sigue empeorando.

Ensañamiento con mujeres
Las autoridades suelen restar importancia al problema, sosteniendo que estos asesinatos son parte de un problema más amplio de creciente violencia pandillera en toda la región, que afecta a la sociedad en su conjunto, no sólo a las mujeres. Pero grupos de mujeres dicen que lo que ha ocurrido no es sólo el aumento en el número de asesinatos, sino también el ensañamiento con que se ha quitado la vida a estas mujeres.

Según un estudio de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala, realizado en el 2006 , 80% de hombres fueron asesinados con arma de fuego, lo cual no implica contacto físico entre asesino y víctima.

Por el contrario, 69% de las mujeres fueron asesinadas por arma de fuego, y el resto mediante formas directas de violencia tales como puñaladas, puntapiés y puñetes, evidencia de la intención del asesino de imponer su superioridad física sobre su víctima, expresada también mediante diferentes formas de tortura tales como violación y mutilación genital.

En Guatemala y El Salvador, los países con la más elevada tasa de feminicidios, la muerte violenta de mujeres ha coincidido con el aumento de la violencia pandillera. Las guerras por territorio entre pandillas rivales suele ocasionar la muerte de mujeres asociadas con miembros de las pandillas, pues la pareja de un pandillero es considerada propiedad de su novio y por tanto blanco legítimo de un ataque.

Cuando la muerte violenta de una mujer ocurre en el hogar, el asesinato suele ser resultado de muchos años de abuso físico y psicológico contra la víctima. En ambos casos, grupos de mujeres y organizaciones de derechos humanos acentúan el hecho de que la causa fundamental de la violencia contra las mujeres puede encontrarse en una estructura social patriarcal que todavía ve a las mujeres como ciudadanas de segunda clase inferiores a los hombres.

La prevalencia de actitudes sexistas se expresa en códigos penales discriminatorios que no imponen sentencias adecuadas por los diversos delitos asociados con la violencia contra las mujeres. Por ejemplo, una ley que estipula que no se presentarán cargos contra un hombre acusado de violación si elige casarse con su víctima, recién fue derogada a fines del 2005.

En algunos países, como México, donde el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, en el norte, atrajo considerable cobertura mediática y se convirtió en el centro de muchas campañas de organizaciones internacionales de derechos humanos, una nueva ley que entró en vigencia en febrero ha reconocido el feminicidio como un crimen distinto del simple asesinato, en cuanto que contiene el factor agravante de la violencia sexual motivada por la misoginia.

La ley fue aprobada por el Congreso mexicano debido a una enérgica campaña liderada por la legisladora Marcela Lagarde, del Partido de la Revolución Democrática. También es importante señalar que la ley mexicana también busca que 30% de los miembros del Congreso sean mujeres.

La diputada Nineth Montenegro, presidenta de la Comisión Legislativa de Asuntos de la Mujer de Guatemala, sostiene que no es probable que esto ocurra en su país, donde sólo 9% de las mujeres son congresistas, en el futuro cercano. “No sería posible ni aunque hubiera 100 diputadas en el Congreso. Las mujeres en la Asamblea Nacional no están vinculadas al tema de la mujer”, dijo.

Fuente: www.lapress.org - 260907


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