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Biósfera Maya bajo amenaza
Por Louisa Reynolds - Guatemala, 29 de octubre de 2007

• Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas conllevaría la deforestación de 37 mil Has. para 2025

• Deforestación provocaría la pérdida de 8.5 millones de toneladas de reservas de carbono

• Costos ambientales y económicos de estas carreteras superan los posibles beneficios

La Reserva de la Biosfera Maya (RBM) es un área protegida de dos millones de hectáreas en el norte de Guatemala que es parte de la Selva Maya, el bosque continuo más grande de Mesoamérica el cual se extiende hasta México y Belice. La RBM alberga una rica biodiversidad y también es conocida por su riqueza cultural y arqueológica. Sin embargo, según un estudio realizado por el Fondo de Conservación Estratégica (CSF, por sus siglas en inglés) la reserva podría verse bajo amenaza por la construcción de una serie de tramos carreteros como parte del Plan Puebla Panamá (PPP), lo cual conllevaría la deforestación de al menos 37,530 hectáreas para el año 2025, la quema de miles de hectáreas más, y la pérdida de valiosas reservas de carbono.

DEFORESTACIÓN, INCENDIOS Y CAMBIO CLIMÁTICO. Los ecosistemas de la RBM albergan una cantidad notable de biodiversidad que incluye como mínimo 111 mamíferos, 442 aves, 107 reptiles y 22 anfibios. La investigación botánica en el área ha sido escasa, pero por asociación se puede estimar la presencia mínima de 3,000 especies de plantas, usando como referencia los valores reportados para la Selva Lacandona en México.

Además, el informe destaca que los asentamientos indígenas que se mantienen actualmente en la ribera norte del Lago Petén Itzá son el último bastión para la cultura y el idioma de los itzaes, una de las etnias más amenazadas en Guatemala a causa de la reducción de sus poblaciones y su erosión cultural. Su conocimiento, incluyendo el idioma (uno de los seis idiomas mayas señalados por estar en riesgo de extinción), formas de producción, creencias, tradiciones y medicina tradicional, representa un gran valor para la RBM porque mantienen formas de convivencia con la naturaleza y adaptación al medio ambiente, lo que les ha permitido subsistir por más de 4,000 años. Además, en la RBM existen al menos 200 sitios arqueológicos conocidos como Tikal, declarado Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad de UNESCO en 1979, Mirador, Nakbé, Río Azul, Uaxactún, Piedras Negras, Yaxhá, Nakum, Naranjo, El Perú y San Bartolo, entre muchas más.

Pero según el estudio « Análisis ambiental y económico de proyectos carreteros en la Selva Maya, un estudio a escala regional»*, realizado por las organizaciones ambientalistas Trópico Verde y Wildlife Conservation Society ( WCS ), esta excepcional riqueza podría correr un grave peligro si los planes contemplados en la Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas llegan a realizarse. El estudio analiza los impactos producidos por la deforestación e incendios que ocasionaría la construcción de las rutas Uaxactún-Arroyo Negro, Carmelita-Mirador, Lagunitas-El Ceibo, Circuito Yaxhá-Nakum-Naranjo, Melchor de Mencos-Tres Banderas con un énfasis en las rutas Tikal-Caobas y San Andrés-Mirador porque son las que tienen mayor probabilidad de ser construidas a mediano plazo.

La construcción de estas carreteras es un componente importante del Plan Puebla Panamá ( PPP ), una ambiciosa iniciativa para integrar la infraestructura de la región que ha recibido fuertes críticas de la sociedad civil ya que lo consideran como mecanismo de poderosos intereses económicos —relacionados con los gobiernos pro-empresariales del istmo— para explotar los recursos altamente lucrativos de la región con escaso respeto por el medio ambiente y las necesidades de las comunidades locales.

La Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas, un componente clave del PPP, proyecta el mejoramiento, la ampliación o la construcción de más de 10 mil kilómetros de vías, de los que unos mil serían nuevos. La inversión prevista es de US$5 mil 905 millones. En Guatemala está en construcción la ruta fronteriza entre El Ceibo y El Naranjo, y la que une Flores y Melchor de Mencos se encuentra en fase de restauración y ampliación.

Actualmente, hay partes de la RBM que se encuentran bajo protección estricta y otras en donde están permitidas la extracción de madera, la agricultura y otras actividades humanas. La RBM está zonificada internamente en tres tipos de unidades de manejo definidas en función de los niveles de restricciones por zona. Las Zonas Núcleo - ZN - son unidades de manejo de protección estricta con usos permitidos muy regulados e incluyen cinco Parques Nacionales (Laguna del Tigre - PNLT -, Sierra del Lacandón - PNSL -, Mirador-Río Azul - PNMRA -, Tikal - PNT - y Yaxhá-Nakum-Naranjo - PNYNN -), 4 Biotopos (Laguna del Tigre-Río Escondido - BTLTRE -, Naachtún-Dos Lagunas - BTNDL -, San Miguel la Palotada-El Zotz - BTSMPZ - y Cerro Cahuí - BTCC -) y un Monumento Cultural (El Pilar - MCEP -).

La Zona de Uso Múltiple ( ZUM ) tiene menos restricciones de manejo que las Zonas Núcleo y está establecido que su uso debe estar definido por la promoción de actividades extractivas de bajo impacto, que incluyen manejo forestal, extracción de no maderables y otras formas de aprovechamiento. Actualmente esta zona está concesionada en un 66% de su extensión con 12 unidades de manejo asignadas a comunidades y 2 unidades asignadas a la industria privada bajo la figura de concesión forestal.

*El estudio fue financiado por Conservación Estratégica ( CSF, por sus siglas en inglés) y el Fondo Para Alianzas Estratégicas en Ecosistemas Críticos ( CEPF , por sus siglas en inglés). El estudio fue elaborado por un equipo de ocho investigadores: Víctor Hugo Ramos , Irene Burgués, Leonardo C. Fleck, Byron Castellanos, Carlos Albacete, Gerardo Paiz, Piedad Espinosa, y John Reid y fue publicado en abril.

En la Zona de Amortiguamiento ( ZAM ), definida como una franja de 15 km desde los límites de la RBM dentro de Guatemala, están permitidas las actividades agropecuarias y la legalización de la tenencia de la tierra. En general, ésta es la unidad de manejo con menos restricciones, lo que se refleja en el hecho de que en ella ha ocurrido el 63% de la deforestación en la RBM en los últimos 20 años. En total, un 39% de la RBM está asignado a ZN ; un 38%, a ZUM ; y un 23%, a ZAM .

En todas estas zonas, la deforestación ha coincidido con el crecimiento demográfico y la colonización. Se estima que cerca del 64% de la población actual de la RBM es inmigrante, proveniente de otras partes del país o de otros sitios en Petén, aunque actualmente las fuentes de crecimiento de población se encuentran distribuidas casi igualmente entre crecimiento por migración y por nacidos nativos.

Este patrón de migraciones es el reflejo de la continuación de una política de Gobierno, iniciada a mediados de los años 60, que perseguía la rápida colonización del Petén para aliviar las demandas de tierra en otras partes del país. Aunque en la actualidad la colonización no es una política oficial, la inercia de las migraciones se ha mantenido y todavía persiste la visión del Petén como un sitio donde el acceso a la tierra es barato y fácil.

Las tasas de deforestación son mucho más altas en el ZAM que en cualquier otra zona, dado que esta zona no tiene regulaciones estrictas en cuanto a cambios de uso del suelo y también es posible legalizar propiedades privadas. Las Zonas Núcleo (parques nacionales y biotopos) con poblaciones residentes ocupan el segundo lugar en cuanto a tasas de deforestación en la RBM . Esta deforestación ocurre principalmente en los Parques Nacionales Sierra del Lacandón y Laguna del Tigre, así como en el Biotopo Laguna del Tigre.

Las Zonas Núcleo restantes, que no tienen poblaciones residentes (Parque Nacional Tikal, Parque Nacional Mirador-Río Azul, Biotopo Naachtún-Dos Lagunas, Monumento Cultural El Pilar, Biotopo Cerro Cahuí), han sido afectadas mínimamente por la deforestación. Además de la ausencia de poblaciones residentes, existen en estas áreas, como conjunto, muy pocos caminos transitables todo el año y cuando éstos existen se encuentran en sitios como Tikal con una infraestructura de protección muy desarrollada o son muy pequeños y por tanto relativamente fáciles de administrar y proteger, como Cerro Cahuí.

Las porciones de la ZUM que no han sido otorgadas en concesión forestal y que tienen presencia de asentamientos humanos registran una deforestación constante en los últimos cinco años, mientras que aquellas en las que no existen asentamientos (corredores biológicos) no registran deforestación.

El estudio muestra que a lo largo de la historia de la RBM , la construcción de carreteras ha sido la principal causa de deforestación y hay pocas razones para esperar que el impacto de las carreteras contempladas por el PPP sea diferente.

Se estima que en 2005 dentro de la RBM existían 154 km de carreteras de dos vías asfaltadas y 728 km de caminos de revestimiento suelto, transitables todo el tiempo. Adicionalmente, existen 1,354 km de roderas y veredas con capacidad de ser usadas muy limitadamente y con muy poco tráfico en temporadas secas. A pesar de la baja densidad de caminos, éstos parecen haber tenido influencia sobre la ocurrencia de deforestación en zonas específicas.

Los efectos de la construcción de caminos sobre la colonización y posterior deforestación son claramente visibles en la ZAM , PNLT , BTLTRE y PNSL donde un camino destinado a facilitar la explotación petrolera en el bloque de concesión 2-85 fue construido entre 1978 y 1984. Durante y después de la construcción, las áreas cerca del camino fueron colonizadas y deforestadas consistentemente, incluso después de la declaratoria de la RBM en 1990.

Por el contrario, la carretera que conduce al sitio arqueológico Tikal, dentro del Parque Nacional del mismo nombre, a pesar de haber sido construida a principios de los años 60 y asfaltada en 1982, no ha tenido prácticamente ningún efecto relacionado con la deforestación dentro de los límites del Parque. Sin embargo, cabe señalar que esto se debe al hecho de que en Tikal trabajan 32 veces más técnicos y seis veces más guardarrecursos por unidad de área que en el resto de la RBM.

El estudio calcula que la construcción de las cinco carreteras mencionadas tendría como resultado la deforestación de por lo menos 37,530 hectáreas para el año 2025. Adicionalmente, se calcula que 41,170 hectáreas adicionales serían quemadas entre 2010 y 2015, mientras que otras 104,600 hectáreas serían quemadas entre 2020 y 2025. Las carreteras también ocasionarían la fragmentación considerable de hábitats.

Las áreas deforestadas frecuentemente sufren incendios debido al aumento de la actividad agropecuaria. Esto, afirma el estudio, podría verse exacerbado por el cambio climático global y una frecuencia presuntamente mayor en la ocurrencia del fenómeno de El Niño , lo cual ha provocado anomalías climáticas más o menos prolongadas, caracterizadas por temporadas secas con menos lluvia y con temperaturas más altas. El estudio afirma que dado un previsible incremento en la frecuencia de sequías y disturbios en el comportamiento del clima, los incendios forestales son la amenaza más inmediata y potencialmente destructiva para la RBM.

El estudio también considera los costos de construcción y mantenimiento, al igual que la pérdida de productos y servicios forestales. Estos costos se comparan con los beneficios derivados de un transporte más barato y rápido dentro de la RBM y entre Guatemala y México, así como con los beneficios asociados al acceso mejorado a destinos turísticos en Guatemala.

Se calcula que el proyecto Caobas-Tikal (que incluye el tramo nuevo de Uaxactún a Arroyo Negro) generaría una pérdida neta total de US$ 54 millones, de los cuales US$ 14 millones representarían pérdidas para México, con US$ 40 millones de pérdidas para Guatemala. Este resultado no incluye los costos ambientales. La deforestación podría acrecentar hasta US$ 56 millones o más las pérdidas para Guatemala con la destrucción de productos maderables, no maderables y la pérdida de reservas de carbono.

La construcción del tramo San Andrés-Mirador contemplaría la pavimentación de la carretera que conecta a San Andrés y Carmelita, así como la construcción de una nueva ruta pavimentada desde Carmelita hasta el sitio arqueológico El Mirador. Estas carreteras le generarían pérdidas económicas a Guatemala por US$21 millones, una cifra que se elevaría por lo menos a US$26 millones en pérdidas netas al considerar los costos ambientales.

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