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Acoso político: un boomerang
Por Luis Zurita Tablada - Guatemala, 16 de agosto de 2005
zurita_tablada@hotmail.com

De vivir entre nosotros, es probable que Sor Juana Inés de la Cruz diría: vosotros sois hombres necios pues, juzgáis a los demás a pesar de ser la causa de lo mismo que juzgáis. Por ello, el acoso político como instrumento para desprestigiar, humillar, linchar, desplazar o anular al adversario político es una majadería digna de un análisis psicoanalítico, máxime cuando no se tienen las manos limpias para tirar la primera piedra ni se presenta ninguna alternativa mejor desde la perspectiva del bien común, empero, se manipula la información y se coacciona a los jueces con el fin de favorecer el ángulo egocéntrico insaciable...

Sigmund Freud decía que la vida humana transcurre influenciada por dos fuerzas instintivas y antagónicas: una, constructiva, o sea, con tendencia hacia la vida; otra, destructiva, o sea, con tendencia hacia la muerte. A mi parecer, el acoso al que han estado sometidos algunos políticos que no encajan o no se pliegan a los designios de la plutocracia tiene un propósito destructivo: demeritar la cosa pública y, por ende, el quehacer político cuando no se alinea al statu quo. Como contraparte, se hace aparecer al empresariado -incluidos sus aliados tecnocráticos- y, por ende, al mercado, como la vanguardia del progreso. Desde ese interés creado, el metamensaje es claro: el empresario es productivo; el político, improductivo. ¿Cuál es el leitmotiv? ¿Volver al feudalismo? Algo es obvio: poco les importa el Estado -democrático y social- de Derecho.

Lo contrario a esa cacería de brujas sería impulsar una campaña moralizadora que tuviera un propósito constructivo en función del interés general; se propondrían correctivos integrales para que cada sector (léase, político, económico, social, religioso, académico, periodístico, mediático, laboral, militar) cumpliera responsablemente con su misión, la cual estaría engarzada a una sola visión de Nación, como por ejemplo la delineada en los Acuerdos de Paz o en un Contrato Social como el bosquejado por J. J. Rousseau que es el sustrato del Estado moderno, pues Rousseau demuestra que solo aproximando a sus ojos los lugares y los tiempos (y) contrapesando el atractivo de las ventajas presentes y sensibles con el peligro de los males lejanos y ocultos el ser individual verá el bien que rechaza y el ser social querrá el bien que no ve. Entonces, continúa Rousseau, al suceder la voz del deber a la compulsión física y el derecho al apetito, el hombre (y la mujer), que antes no habían considerado ni tenido en cuenta más que sus personas, se ven obligados a obrar con base en principios distintos y consultan la razón antes de prestar oídos a sus inclinaciones y de animales estúpidos y limitados, se (convierten) en seres inteligentes, (ya que en sus conductas la justicia sustituye al instinto y proporciona a sus acciones la moralidad de que antes carecían).

Justamente por ello, Freud decía, también, que el ego, cual instrumento para satisfacer las necesidades básicas de tipo individual, interactúa necesariamente con la realidad pero, limitado por los parámetros prefijados por el superego, que es la conciencia moral del sujeto que mide las consecuencias, por lo tanto es el superego la voz que recomienda la conveniencia de hacer o no hacer algo. Cuando el superego es demasiado fuerte anula al ego hasta orillar al individuo a la improductividad; por el contrario, cuando es muy débil, el ego desboca al individuo hasta su propia perdición... Ambos extremos son dañinos, por lo que sería deseable un superego equilibrado que contrabalancee al sujeto para que el ego pueda cumplir su misión con éxito, empero, sin daños innecesarios a terceros...

Cuando se analiza el devenir de la sociedad guatemalteca, se observa a simple vista que el ego de las minorías que detentan poderes de hecho es indiferente ante las consecuencias sociales de sus actos. Su superego es tan débil que solo están preocupadas por sus intereses particulares... Por ello es que sus victorias son pírricas pues, se han hecho de la vista gorda, por ejemplo, ante los atropellos a los derechos humanos sufridos por sus coterráneos; ante los abusos, incluyendo megacorruptelas, cometidos por quienes han vendido a particulares empresas del Estado; ante quienes han concesionado -léase, privatizado solapadamente- activos del Estado; ante la injusta desigualdad que niega el mínimo vital a las grandes mayorías (léase, educación, salud, trabajo, vivienda, vestido, recreación y canasta básica); ante la irresponsabilidad fiscal de quienes se dicen capitalistas pero niegan la ética liberal que pregona la conquista de la libertad, la igualdad y la fraternidad... Como consecuencia, proyectan una superestructura a imagen y semejanza de los intereses más ególatras. Los asuntos políticos, económicos, sociales y culturales -aunque mejor sería decir la mediocridad de tales- solo son un reflejo de la estructura económica capitalista más atrasada impuesta al Estado. ¿Qué querían? El día en que dejen de ser una simple oligarquía y se comporten con la ejemplaridad de toda una aristocracia, entonces una mejor sociedad germinará y, en consonancia, una bella sinfonía interpretarán los miembros del ejecutivo, del legislativo y del judicial... En su defecto, la necesidad de una revolución estará latente...

Como dijera el Che Guevara, el que no quiere ver ni entender, nunca va a ver ni a entender que el objetivo histórico del proceso de humanización es liberar a los hombres y a las mujeres de las servidumbres todas. Por lo tanto, afirmo yo, el que no quiera ver que no vea; el que no quiera entender que no entienda pero, de algo estoy seguro: cuando el caos sociológico y ecológico, o sea, el pandemonium, termine de consumarse, entonces algunos llorarán como cobardes aunque vivan en oasis con palacios adornados de oro y vigilados por guardaespaldas privados, pero copados por un desierto de miseria poblado por hombres y por mujeres dispuestos a todo porque nada tienen que perder...

A pesar de todo, porque es grande el amor que siento por mis congéneres y porque soy consciente que no somos seres para la muerte, sino para aquellos que viven a la par de nosotros y para los que vienen atrás de nosotros también, permítanme liberar poéticamente mi frustración:

¿A dónde vas Guatemala? Una hoja al viento no te gana; un judío errante no te envidia.

¿De dónde vienes Guatemala? 20,000 años de migraciones sin registro histórico te han confundido: no eres de aquí, ni eres de allá.

¿Dónde está tu mente Guatemala? Genes, culturas e intereses se entremezclan en el laberinto de tu ser: ¡Mil colores y un solo corazón es tu destino!

De no procurarse la fructuosa cooperación entre el interés particular y el interés general, como un boomerang regresarán todos los desprecios sobre un potro pinto; todas las calumnias sobre un potro negro; todos los abusos sobre un potro ambarino; todas las hipocresías sobre un potro bayo; y así, como en un tropel, regresarán todas las irresponsabilidades que impidieron edificar una sociedad que priorizara al ser humano, en cuyo seno floreciera el equilibrio entre competencia y cooperación, entre ser individual y ser social, entre consumo y sostenibilidad... Sin duda, ¡regresarán!, porque como suelen decir los budistas: si puedes ayuda a los demás, pero si no puedes procura no causarles ningún daño pues, te lo pueden causar a ti...

Fuente: www.lahora.com.gt


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