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El silencio también es denuncia
Por Miguel Ángel Albizures - 29 de abríl de 2004

Lástima que los miembros de diversas organizaciones no somos capaces de mover multitudes como Gandhi, Luther King o Mandela, los Jesucristos de los últimos tiempos que derrotaron imperios, despertaron conciencias, movieron estructuras, derrumbaron mitos y muros e hicieron tambalear sistemas. En cierta forma, ellos lograron hacer realidad los sueños de sus pueblos que luchaban por quitarse el yugo de encima, y frenar los altos grados de discriminación y racismo que sufrían.

Las Iglesias, si quisieran, podrían mover multitudes en silencio y hacer avanzar procesos, zarandear al Ministerio Público, hacer temblar a las autoridades, exigirles que gobiernen para el pueblo y hacer realidad el Estado de Derecho. Creo que Gerardi hubiera encabezado las marchas del silencio, así como encabezó la búsqueda de la verdad a través del Remhi, porque en silencio también se reciben los testimonios, los hechos atroces que sufrieron las víctimas y provocaron los victimarios.

El silencio sorprende a los mismos periodistas y medios de comunicación social, a los transeúntes, inquieta a los orejas y matones, preocupa a las autoridades, crea un ambiente único y un solo pensamiento que no da lugar a extravíos. En silencio se pueden escribir muchas cosas, rememorar los hechos y estamparlos en las páginas de la historia o en un simple correo dirigido a los amigos o desconocidos. En silencio también se puede pensar en el futuro, en el cómo construir la democracia y de cómo sería el país y vivirían nuestros hijos sin impunidad ni sobresaltos.

En silencio se pueden repetir las palabras de aquel orador del parque San Sebastián en la conmemoración de los seis años del asesinato de monseñor Gerardi, te destruyeron el rostro, porque también el rostro de Guatemala está desfigurado, pero vamos a reconstruir tu rostro, el rostro de la democracia, de la verdad, de la justicia, de la paz y la reconciliación.

En la marcha del silencio se levantó la manta y se elevaron las voces “La verdad es la fuerza de la paz”, “justicia para un hombre justo” y así, en silencio, se elevaron las velas para alumbrar el camino de la verdad y la justicia. Por eso, el silencio tiene fuerza, porque es otra forma de protesta y de rechazo, con él se puede sacudir al sistema de justicia para que los magistrados y jueces regresen a recoger la balanza que dejaron abandonada en un rincón de su casa.

Por eso, creo que tienen razón las organizaciones de derechos humanos, cuando señalan que “En el fondo, la muerte tan repudiable como trágica de monseñor Gerardi, es un golpe a la libertad, pero no a la esperanza para seguir luchando por aquellos valores que realmente fundamentan la vida y la dignidad de todo ser humano”.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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