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Responsabilidad histórica del Congreso
Por Miguel Ángel Albizures - 5 de mayo de 2004

El tema de la CICIACS ha sido manoseado malintencionadamente para atrasar su aprobación en el Congreso de la República y no dotar al pueblo de un instrumento útil que puede contribuir a la desarticulación de los grupos clandestinos, pero fundamentalmente al fortalecimiento del sistema de justicia que anda patas arriba y que, viéndolo de forma objetiva, no tiene la capacidad de perseguir, investigar y frenar el desarrollo de éstos. Satanizar una comisión sin tener los fundamentos para hacerlo y hablar de inconstitucionalidades sin demostrarlo, sólo puede obedecer a tres razones: una, desconocimiento o ignorancia real de lo que es y pretende la Comisión. Dos, las presiones del poder paralelo y el temor de legislar a favor de la Comisión. Y, tres, interés particular de que una comisión de esa naturaleza no exista, porque afecta intereses propios y, en determinado momento, puede salir el tiro por la culata.

El viernes 30 de abril, después de una hora de espera, las organizaciones miembros de la Coalición por la CICIACS tuvieron una reunión con el presidente del Congreso para manifestarle la preocupación porque, hasta el momento, no se decidía en el pleno su aprobación y que se le diera carta de validez a argumentaciones que no tienen ningún sustento legal, pero más que todo, que se percibiera, en el seno del hemiciclo parlamentario, la influencia y el poder que tienen las estructuras paralelas que maniobran para atrasar todo el proceso.

Como toda reunión con los funcionarios, ésta fue positiva y llena de promesas, pero los promotores de la CICIACS también pensaban que faltaba ver cuál iba a ser la práctica, cuál la posición que asumirá la Junta Directiva y las diferentes bancadas representadas en el Congreso pues, al final de cuentas, son los diputados quienes deciden si contribuyen y quieren hacer avanzar el Estado de Derecho o si, por el contrario, se manifiestan abiertamente en contra de la CICIACS para recibir el aplauso de los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos que funcionan sin temor a que el peso de la justicia caiga sobre ellos.

Los miembros de la coalición por la CICIACS se han llevado varias “sorpresas” con los diputados. Por un lado, presentan la iniciativa a la Comisión de Derechos Humanos (CDH) para que ésta la promoviera en el pleno y lo que hace es mandar la consulta a la Corte de Constitucionalidad. Luego, se entrevistan con la Junta Directiva y reciben promesas, pero, finalmente, el 3 de mayo, es la misma UNE quien promueve el dictamen negativo dentro de la Comisión de Derechos Humanos. Los promotores de la CICIACS quieren seguir creyendo en que los legisladores tienen criterio propio, en su voluntad de servir al pueblo y la esperanza de que el país alcance otros grados de civilización en el contexto internacional. No queremos tener un símil con los tiempos de Al Capone en Chicago o las milicias en Colombia que, además de su capacidad operativa, imponen su voluntad política para ser reconocidas y toleradas.

Reconocemos que en el Congreso de la República existe de todo y que hay gente sumamente conservadora y más de uno puede estar ligado al crimen organizado, pero no creemos que los 158 diputados se postren a los pies de los grupos paralelos o que obedezcan ciegamente las consignas partidarias de aquéllos que se oponen a la CICIACS.

La responsabilidad histórica de los diputados es legislar para el futuro, para que estos grupos no proliferen, para que dejen de sembrar zozobra y dejen de influir en las instituciones del Estado, especialmente en el sistema de justicia. Si el Ministerio Público y los juzgados actuaran rectamente y no se vieran amenazados o infiltrados por los grupos paralelos, la CICIACS no sería una necesidad, pero la verdad la conocen los diputados y deben garantizar a la sociedad el inicio de una investigación seria e imparcial que fortalezca el Estado de Derecho. Ahora queda pendiente la actitud que tome la Comisión de Gobernación del Congreso, misma que supuestamente quiere asumir la responsabilidad de promover el cambio y la aprobación de la CICIACS.

Falta ver si también son sólo promesas y cuál va a ser la actitud de los 158 padres de la patria en los próximos días.

 

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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