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Las malas juntas de los diputados
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 8 de agosto de 2004

Mi abuela solía decirme: “Tené cuidado mijo, sabé escoger a tus amigos, porque el que anda entre la miel, algo se le pega”; y siempre trataba de estar al tanto de lo que hacíamos, a dónde y con quién íbamos. Claro, los diputados ya están grandecitos y deben saber lo que hacen y se supone que no se dejan llevar por los cantos de sirena. Es decir, por la elocuencia del diputado Antonio Arenales Forno, el peón incondicional de los sectores más atrasados de la sociedad que trata de convencerlos de que en Guatemala no se necesita una oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y que ese mandato, que su propio gobierno aprobó, es lesivo para el país.

Pobre don Tono, confunde el sebo con la manteca y considera que, a pesar de la situación que vivimos, no necesitamos de esa oficina que puede contribuir a ponerle freno a la violación sistemática de los derechos humanos. ¿Qué razón de fondo hay en su posición? ¿Qué será lo que lo mueve a rendirle el sombrero a la impunidad? ¿Cómo llegó a caer tan bajo en sus posiciones políticas, qué poco le importa que el país se hunda y sea presa de malignos intereses? ¿Por qué no quiere que sigamos dando pasos en la construcción de la democracia y el Estado de Derecho?

Los diputados deberían poner mucha atención a sus planteamientos, no aceptar las palmaditas en la espalda ni los besos al estilo judas, porque atrás de todo hay veneno, hay intereses personales y de grupo y, por supuesto, una verborrea vergonzante que contamina el ambiente. ¿Qué daño puede hacerle al país que otros contribuyan a que, Estado, gobierno y sociedad desarrollemos una política de respeto a los derechos humanos?

¿Qué daño nos puede provocar que, anualmente, haya un informe en el seno de las Naciones Unidas sobre los avances que hemos logrado en defensa y protección de los derechos humanos? ¿Qué problemas provoca el que nos transmitan experiencias de otros países que, pasadas las dictaduras, emprendieron el camino de la democracia?

Por eso les digo a los diputados: Esa junta no es buena, como no lo son sus propuestas y lamentaciones. Arenales Forno representa el pasado más bochornoso del país, sus posiciones representan el retroceso en materia de derechos humanos. El renglón o el número que ocupemos en el seno de Naciones Unidas o en los informes del PNUD será el que nos hemos ganado; nuestra lucha y nuestro esfuerzo no debe radicar en esconder la realidad, en hacer las del avestruz, sino en enfrentarla y extirpar las causas que nos hacen ser noticia en el mundo.

Señores diputados, miembros de las Comisiones de Derechos Humanos y de Relaciones Exteriores, que tienen en sus manos darle paso al Convenio ONU-Gobierno; señores diputados del pleno del Congreso: no se inhiban de su responsabilidad. Asúmanla y demuestren que no es necesario esperar un fallo de la Corte de Constitucionalidad (pues nadie habla de inconstitucionalidades), sino que ustedes, como adultos que son, cumplen con su función, responden a las aspiraciones del electorado y no a los deseos perversos de quienes quieren seguir viendo a la ciudadanía honrada de rodillas. Si no escuchan la voz de mi abuela, escuchen la voz de la de ustedes y dejen las malas juntas para que Forno y sus jefes se cuezan en su propia salsa.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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