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La campaña del General
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 7 de octubre de 2004

Apenas han transcurrido nueve meses de gobierno y el general Otto Pérez, ni lento ni perezoso, ha iniciado la campaña para lanzarse a la Presidencia en 2008. Y, para eso, involucró a casi todos los diputados de las bancadas más pequeñas y grandes en el pago a quienes él, en los años 80, armó y obligó a realizar patrullas en diferentes regiones del país. Para ello contó con el apoyo incondicional del diputado Antonio Arenales Forno, de “generales” conocidos no sólo en el recinto parlamentario, sino en los foros internacionales por sus posiciones retrógradas. Plasmado está su pensamiento en las páginas de los periódicos con las alabanzas a quien ordenó los fatídicos días del 24 y 25 de julio.

Los diputados no alcanzaron a entender la embrocada que les estaban dando, pese a que varios llamamos la atención y denunciamos, con pelos y señales, que esa “palabra de honor” que el General quiere cumplir con los ex patrulleros, con los dineros del pueblo, es un acto eminentemente partidista, con miras a 2008, porque, de lo contrario, no tocan tierra en esa contienda electoral que han adelantado.

Los diputados, por convicción o por miedo, cerraron los ojos a una realidad evidente y aceptaron el chantaje, levantaron la manita y cerraron el puño en señal de aprobación de un acto ilegal que contribuye al desfalco de los pocos recursos del Estado, afectando la necesaria inversión social. Las constantes amenazas de uno de los grupos de las PAC son un chantaje promovido y hasta financiado por quienes respaldan al partido del puño. Todo esto para ver si les suena la campana y se convierte en un movimiento de masas, armadas, violentas, agresivas, dentro de las cuales hay muchos patrulleros que en los años 80 no se tocaron el alma para masacrar poblaciones, ni asesinar niños, ni mucho menos para violar mujeres, como lo hicieron en Plan de Sánchez, en la región Ixil o en las más de 300 masacres cometidas a lo largo y ancho de Quiché y otros departamentos. Y digo muchos, porque hay división entre ellos y algunos han expresado incluso su vergüenza por haber tenido que servir al Ejército obligadamente.

El general Otto Pérez se ha dado a la tarea de vender el cuero en un Estado donde hay pocas posibilidades de cazar venados, en un Estado desfalcado por los funcionarios corruptos, donde las políticas de recaudación fiscal no sólo son malas, sino además no se cumplen, y donde actitudes de esa naturaleza sólo contribuyen a la polarización de una sociedad empeñada en abrir caminos a la tolerancia. Exacerbar los ánimos de los ex patrulleros es criminal, es parecido a quienes otrora han utilizado a la delincuencia común para asesinatos políticos, o a las maras para provocar problemas de envergadura y deslegitimar las reivindicaciones del movimiento social.

En los últimos días, grupos de ex patrulleros han llegado a las oficinas de las organizaciones de derechos humanos a amenazar con que no saben cuáles serán las consecuencias si sigue la oposición social a su pago.

Eso fue lo que aprobaron compensar los diputados de las diversas bancadas porque, o son unos ignorantes y no se han enterado de la Historia de este país y de la violencia cometida, o son afines a ese pensamiento genocida, o no tuvieron pantalones ni faldas para plantarse frente a quienes los manipularon para que aprobaran ese oprobioso pago.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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