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“Maco” Quiroa, el de siempre
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 3 de noviembre de 2004

Los principios no mueren. Quienes mueren son las personas, a veces los recuerdos. Mueren los que no tienen principios, los que se arrastran y pisotean la ética a cada paso, los que “transan”, los que ven el derecho de su nariz y sus intereses. Pero aquéllos que esculpen en bronce sus ideas, que propagan los principios y los lanzan a los cuatro vientos y se enorgullecen de sostenerlos, no mueren. Nos dicen adiós, pero continúan martillando con sus frases, sus opiniones y afirmaciones, aunque algunos las consideren pasadas de moda, a destiempo, anticuadas o radicales.

Maco fue uno “de los de siempre”, como decía el poeta Otto René Castillo, de los pocos que luchan por la paz y la democracia, de los pocos que quizá quedan en este país, cundido de mediocres y oportunistas. Maco no es de los que le extendieron la mano al genocida, pero que siguen hablando de paz y democracia, de una nueva nación y un nuevo Estado, en el que se cagaron sin miramiento alguno. Ésos que se acostaron con la izquierda y se levantaron con la derecha más conservadora y cavernaria, y a quienes Maco Quiroa se refirió en múltiples escritos.

Si de algo podía uno estar seguro, era de la firmeza de Maco Quiroa, porque sólo daba vuelta a la derecha cuando cruzaba una esquina, o cuando se movía en su cama. En la vida política era vertical, algunos lo tildaron de intransigente e insoportable, porque no andaba con dobleces ni medias vueltas. En serio o en broma, siempre criticaba a los traidores y vendepatrias. Al hombre o a la mujer se les respeta por sus principios, por los valores que lleva dentro, por la defensa que hace de ellos, aun cuando no compartamos todas sus opiniones o ideales, pero en el fondo sabemos que quieren un mundo mejor, una sociedad más solidaria, donde el goce de las libertades y derechos sean una realidad para todos y no para unos pocos. Con Maco podíamos no estar de acuerdo en muchas cosas, pero compartíamos la lucha por una nación sin racismo, discriminación y exclusión, por una nación y sociedad justa y solidaria, que algún día tendremos que alcanzar.

Maco emprendió el vuelo esperado, aunque indeseado. Guatemala no pierde un político, escritor, periodista o artista: pierde a un hombre que fue ejemplo de ética y de principios, que van más allá de cualquier profesión, que se arraigan en lo más profundo del ser, se mantienen, se manifiestan y se defienden hasta el último aliento, hasta el despegue a lo desconocido, hasta el momento de partir al último viaje.

Con él se va Juanito Ixcoy, el compadre que lo acompañó en todos sus escritos. Se va el gato viejo, dejando ratones tiernos. Pero nos deja el sueño de un mundo mejor, más justo y solidario, y la obligación de luchar por construirlo. Se va su devoción por el Ché y la Revolución Cubana, pero nos deja su ejemplo combativo para que no cejemos en el empeño de lograr que, algún día, también en Guatemala la salud y la educación sean para todos. Se va el sueño de un partido de izquierda que no se avergüence de serlo, pero nos deja el reto de levantar la cabeza y trabajar por una izquierda unida.

Sirvan estas líneas para despedir al compañero, al inclaudicable, aquél que conocí en las luchas políticas tratando de construir una alternativa política para la población cansada de tanto oportunismo y populismo. Al compañero que trató de hacer camino al andar y que hoy nos deja, llenos de pesar, pero con la satisfacción de su deber cumplido. Va Maco a reunirse con los que partieron antes que él y se quedará esperándonos para cuando nos toque llegar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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