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Si afecta a la tierra, afecta a sus hijos
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 15 de noviembre de 2004

Giran un cheque en blanco a las compañías para que hagan lo que quieran.

Cuando uno se pronuncia contra los intereses extranjeros, lógico es que salten quienes no tienen una visión de país independiente y quienes sólo ven el presente y no el futuro de las generaciones por venir que pueden encontrar un país devastado donde los biotopos, los manantiales, los pocos bosques que quedan, la flora y fauna de este país llamado de la “Eterna Primavera”, sean recuerdos del pasado y parte de los escritos de quienes se inspiraron en la naturaleza que existió.

Lo primero que aseveran es que estamos contra el desarrollo ideal que ellos ven, lleno de maquinaria cavando la tierra y las onzas de oro volando al Norte y aumentando las ganancias de las grandes compañías canadienses y de Estados Unidos. No ven los estragos que provoca la maquinaria, ni quieren darse cuenta que pisotean el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y asumen, cuando llegan a hacerlo, compromisos que jamás cumplen por la debilidad y entreguismo de nuestros gobiernos. Comúnmente, las transnacionales, con el apoyo de sus gobiernos, imponen sus deseos a costa de la vida humana que se deteriora en nuestro continente.

Existe consenso en los estudiosos del tema, que ninguna actividad industrial es tan agresiva ambiental, social y culturalmente, como la minería a cielo abierto. En el Estado de Montana, Estados Unidos, rico en oro, la población planteó varias razones para oponerse rotundamente a la minería a cielo abierto, una de ellas fue que: “Las minas por lixiviación a cielo abierto amenazan los derechos de propiedad. Los propietarios de río debajo de la mina de Goleen Sunlight fueron forzados a vender sus propiedades a la Placer Dome Corporation, después de que su pozo de agua destinada al consumo fue contaminado con cianuro. La mina Kendall, cerca de Lewingstown, ha contaminado los arroyos de los ranchos vecinos con los deshechos tóxicos de la mina desde 1995. Refiriéndose a otro caso, el documento plantea que: “El cianuro, los metales pesados y los drenajes ácidos de la mina de Summitville, en Colorado, mató toda la vida acuática en 17 millas del río Alamosa”, que la compañía se declaró en quiebra y que han gastado más de US$100 millones en esfuerzos por limpiar. Y en Montana, a la mina Golden Maple se le ordenó proporcionar a un ranchero vecino una provisión de agua alternativa, tanto para uso doméstico como para almacenamiento, después que 77 mil galones de cianuro habían contaminado toda el agua subterránea del área. Así las cosas, sólo podemos imaginarnos lo que sucederá en las regiones afectadas de San Marcos, si no se conforma un bloque ciudadano que se oponga rotundamente a la entrega de los recursos minerales sin prever la protección a la vida humana, animal y vegetal de esas comunidades.

Queda claro que en Guatemala, en las concesiones otorgadas, los derechos de los pueblos indígenas y población en general que será afectada, no han sido tomados en cuenta y giran un cheque en blanco a las compañías para que hagan y deshagan con los recursos naturales y minerales del país.

Lo que tenemos que tomar en cuenta son las sabias palabras del Cacique de Seattle, en 1854, en sus Cartas sobre la Tierra,en las que dijo, “La tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra, afecta a los hijos de la tierra. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están ligadas como la sangre que unifica a una familia. Todas las cosas están empalmadas. Lo que pase a la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; es apenas una hebra de ella. Todo lo que le haga al tejido, se lo hará a sí mismo”.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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