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Discriminación en los medios
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 29 de noviembre de 2004

El derecho a la libre emisión es un derecho del pueblo, no privilegio de unos pocos

Trescientos treinta y ocho mujeres y 309 hombres aprobaron y escucharon en silencio el grito de diferentes pueblos que no sólo piden, sino exigen, ponerle barreras, y si fuera posible fin, a eso que se llama racismo y discriminación que se manifiesta en la sociedad guatemalteca, en las instituciones del Estado, en la aplicación de la justicia y en el tratamiento que dan los medios de comunicación a los derechos de los pueblos maya, xinca y afrodescendientes que habitan en el territorio nacional y que comparten, más penas que alegrías, con los que se hacen llamar ladinos o nos reconocemos mestizos.

Si algunos de los propietarios de los medios de comunicación social, periodistas o columnistas consideran que no es cierta la afirmación de existencia de racismo y discriminación en los medios, ¿por qué no se abre a debate público y se demuestra lo contrario? Pues en el fondo, lo que piden después de constatar el hecho, es abrir espacios para una reflexión franca, seria y responsable sobre el tema.

No están pidiendo primeras planas, ni páginas completas, ni tiempo indefinido en la radio y la televisión, simplemente espacio para pronunciarse, pero también para que se conozcan sus aspiraciones y sus luchas. No quieren tanto espacio como el que dieron a un casamiento reciente que nada importa a los maya, xincas, afrodescendientes y a un montón de mestizos que consideramos un desviar la atención de problemáticas sumamente importantes que acontecen en el país.

Para entendernos mejor, racismo lo define Martha Casaus como “La valoración generalizada y definitiva de unas diferencias biológicas o culturales, reales o imaginarias, en provecho de un grupo y en detrimento del otro, con el fin de justificar una agresión y un sistema de dominación”. Y Roberto Morales Sic dice que “las diferencias biológicas pueden ser utilizadas como referentes de la supuesta raza inferior y que son básicamente la pigmentación o color de la piel, el color y la textura del cabello, estructura del rostro, talla del cuerpo, y forma de los ojos, entre otros”.

La UNESCO señaló que “Toda teoría que invoque una superioridad o inferioridad intrínseca de grupos raciales o étnicos que dé derechos a unos de dominar o eliminar a los demás, presuntamente inferiores, o que haga juicios de valor basados en una diferencia racial, carece de fundamento científico y es contraria a los principios morales y éticos de la humanidad”.

“Cuando el río truena, piedras trae”, y los medios deberían revisar su comportamiento frente a quienes vienen denunciando exclusión, discriminación y racismo. Reconocemos que muchas actitudes son inconscientes, que son parte de la formación que hemos recibido en el ambiente y tienen que ver las bases sobre las que se construyó el Estado de Guatemala, pero muchas otras son conscientes, malintencionadas, toleradas y hasta fomentadas. Si queremos una, Guatemala distinta, tenemos que construirla y que mejor que los medios de comunicación jueguen ese papel y contribuyan a construir la paz y la democracia, pero para todos. El derecho a la libre emisión del pensamiento es un derecho del pueblo, no privilegio de unos pocos. Este 30 de noviembre, día del periodista, podemos dar pasos fundamentales en esa dirección.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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