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“Israel, no temas, EE.UU. te defiende”
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 6 de diciembre de 2004

Palestina sigue pidiendo a gritos solidaridad.

La frase que encabeza este artículo es de un letrero puesto en hebreo e inglés, que demuestra contra quiénes lucha el pueblo palestino en defensa de sus derechos históricos y por el cese de la agresión. Demuestra quiénes están atrás del exterminio que sufren, de la muerte de niños, mujeres y ancianos que esperan la solidaridad de los pueblos para alcanzar la anhelada libertad, por la que millares de ellos han muerto.

Lo que vieron y escucharon el obispo de San Marcos, Álvaro Ramazzini, y Fernando Bermúdez, miembro del Movimiento Nacional por los Derechos Humanos en su visita a Palestina, me la hicieron llegar por escrito para transmitirla a los lectores que sólo conocen una parte de lo que en esa región sucede, donde a pesar del derecho que les asiste, los muertos los pone el pueblo palestino. Visitaron, como ellos lo dicen, los pueblos prohibidos por el Gobierno de Israel, como Belén, Jericó, Qalquilya, entre otros y tuvieron que abstenerse de otras ciudades por el control del Ejército. Vieron un pueblo ocupado militarmente, ciudades y pueblos cercados por grandes alambradas, aislados completamente unos de otros. Pueblos convertidos en cárceles. La muralla de unos 300 kilómetros de largo que están construyendo, y que va de norte a sur, es para aislar más al pueblo palestino.

Vieron rostros llenos de sufrimiento, de impotencia y de rabia, niños a quienes les han robado la risa, madres angustiadas viendo cómo los judíos asesinan a sus hijos a la vuelta de la esquina. En los días que ambos estuvieron en esas tierras hubo 113 asesinatos sólo en la Franja de Gaza, de ellos, 42 eran niños. En Belén, Jericó y Jerusalén, el grito de los pobres era el mismo: “Cómprenos algo, ya nadie viene a visitarnos, tenemos hambre”. Escucharon el testimonio de un párroco palestino, Raed Abusahya, cómo los soldados israelíes destruyeron las viviendas de sus paisanos utilizando grandes maquinarias que se llevaban todo a su paso, pero también palparon la impotencia y el dolor de un pueblo que sufre la represión por parte de quienes un día sufrieron el holocausto por parte de los nazis y que hoy en día poco o nada les importa la vida del pueblo palestino.

Palestina sigue pidiendo a gritos solidaridad. Que la comunidad internacional denuncie con fuerza lo que el Estado de Israel está haciendo contra ellos. Que presionen para una negociación de paz, que les garantice su libertad, el ejercicio de sus derechos, el reconocimiento de su pueblo, del cual son originarios. No piden más que eso, que cese la indiferencia y el silencio cómplice de los pueblos. Que se ponga alto a las atrocidades que se están cometiendo. Que globalizamos la solidaridad y la justicia y condenemos los hechos.

El movimiento social, y especialmente las organizaciones de derechos humanos, deben hacer lo que no hace ni va a hacer el Gobierno de Guatemala, levantar la voz para que cese la matanza. Nosotros sufrimos la represión, la persecución despiadada, el secuestro de seres queridos. Los pueblos indígenas sufrieron el genocidio. No queremos que esto se repita, ni debemos guardar silencio cuando crímenes de lesa humanidad se cometen contra otros pueblos, aun cuando estén al otro lado del mundo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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