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¡Si la Constitución se cumpliera!
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 30 de diciembre de 2004

Vean las obligaciones que de ella se desprenden.

Nadie puede negar que una parte del sector económico está haciendo gobierno, en otras palabras, ejerciendo el poder político desde donde puede hacer dos cosas: una, seguir haciendo lo que siempre ha hecho tras bambalinas pero ahora con las riendas en la mano, lo que representa profundizar las contradicciones sociales, cargar con el costo político de lo que ello representa y poner en evidencia que en nada han cambiado. Y dos, dar un paso adelante en el desarrollo integral del país, tomando en cuenta a todos los seres humanos que lo habitamos, demostrar que hay un sector modernizante que tiene voluntad de cambio y que está dispuesto a sacrificar algo para sacar del atraso y el pauperismo al país. Ellos deciden qué hacen, “tampoco se le puede pedir peras al olmo”.

La Constitución no es completa, le faltan aspectos importantes que contribuirían a construir la nación, como todo lo concerniente a los pueblos indígenas y afrodescendientes excluidos, marginados y olvidados y, por supuesto, replantear la problemática agraria, no desde la visión que no hay nada que repartir porque nos tocaría una maceta a cada uno, ni mucho menos que la propiedad privada es sagrada, sino desde las posibilidades reales de una transformación agraria que cambie profundamente la tenencia, uso y usufructo de los bienes de la tierra.

Con un Congreso bien integrado, podría pensarse en cambios constitucionales pensando en el bien común, cuando su articulado no se ajusta a las necesidades de cambio y cuando la Constitución se convierte en una camisa de fuerza y no permite favorecer a la mayoría de habitantes del país. En Guatemala todos quieren que la Constitución se cumpla, pero siempre y cuando favorezca sus intereses, porque aquí tiene vigencia todo aquello que nada tiene que ver con los pobres, con la niñez y adolescencia y con quienes están en el ocaso de la vida y siguen mendigando una pensión digna y justa.

El sector económico ha saboreado las mieles del poder a lo largo de un año, por no decir que siempre han tenido seria influencia en su ejercicio y que han sido un poder tras el trono. En un año deberíamos ver con claridad los cambios, pero, en fin, han estado a prueba y error y puede dejárseles pasar, porque siempre han carecido de un proyecto de nación incluyente. Pero la verdad es que no pueden ni deben seguir ese camino que es el menos aconsejable, incluso, para sus propios intereses. No reaccionen como un señor que mantiene el hígado en las manos y el cerebro quién sabe dónde, porque sigue viendo comunistas en la sopa, los cambios sociales son sociales, no comunistas y cualquiera puede ver su urgencia y necesidad en Guatemala.

¿Quieren seguir gobernando? Hagan gobierno, agarren por lo menos al pie de la letra la Constitución, vean las obligaciones que de ella se desprenden para quienes ejercen el poder. Encontrarán aspectos que tienen que ver con los derechos a la educación, la salud, la vivienda, la niñez, las mujeres, la igualdad, la justicia y el trato a los trabajadores, la soberanía, los límites y penalizaciones a los funcionarios públicos, la independencia de poderes del Estado y la soberanía que sigue pisoteada.

¿Qué de ello pueden tomar con seriedad y responsabilidad en el año por venir? Sólo ustedes saben, ojalá y no empiecen tarde, porque no sólo el poder se les irá de las manos, sino la estabilidad del país sufrirá quebrantos

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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