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Interés nacional o transnacional
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 3 de enero de 2005

Hay que poner por delante los intereses del pueblo.s

Cuentan que una vez, después de realizadas las elecciones en un país latinoamericano, de cuyo nombre no quiero acordarme, el Presidente saliente le dijo al triunfador en las elecciones: “Antes de la toma de posesión, viajemos a Estados Unidos y así te presento con el Presidente de esa Nación que, como sabes, tiene mucho que ver con la política de nuestros países. Llegaron, se anunciaron y, en el momento que les dijeron que el Señor Presidente los recibe, el Presidente saliente de ese país latinoamericano, le tocó el hombro al otro y le dijo, bájate el pantalón. ¡Uy!, le respondió, no pensé que tanto le debíamos. No hombre, le dijo, tienes el ruedo del pantalón arremangado”.

Cierto o no, los mandatarios de América Latina, en su mayoría, no han sabido comportarse como tales frente los del imperio que, por las buenas o las malas, tratan de imponer sus decisiones. Ello nos demuestra que la política del garrote y la zanahoria no ha pasado. Hacemos lo que ellos quieren o amenazan con provocar maremotos económicos hasta que cedamos a sus deseos. Ni más ni menos ése es el mensaje del señor Robert Zoellick, representante comercial de Estados Unidos, quien manifestó su ‘decepción’ porque Guatemala tuvo un gesto de dignidad al derogar el lesivo Decreto 9-2003 que afectaba la compra de genéricos a los cuales podrían tener acceso millares de personas y surtir los hospitales nacionales para atender a la población necesitada.

El presidente Berger debería mantener su posición relacionada con el Decreto 34-2004, pues según el viceministro de Comercio Exterior de Guatemala, Enrique Lacs, dicho decreto cumple con las medidas de protección que impone la Organización Mundial de Comercio (OMC), y por lo tanto no deben aceptar las presiones insultantes de los funcionarios estadounidenses y de su Embajada en Guatemala, denunciada por la Premio Nobel de la Paz, Dra. Rigoberta Menchú. Ceder a las presiones es el camino más fácil, pero pone en evidencia la falta de criterio propio cuando de políticas nacionales se trata y se permite que pasen sobre la soberanía del país.

Tanto el presidente Berger como los diputados que tengan dignidad deberían tomar en cuenta las afirmaciones de Luis Velásquez, presidente de la Asociación de Industrias Farmacéuticas de Guatemala, que considera un abuso las amenazas, además de “contravenir la soberanía del país” y que bien lo señala Leonel Rodas, de la Gremial de Fabricantes de Genéricos: “Si el TLC fue discutido con los países de Centroamérica, de necesitar cambios, que éstos se hagan con el consenso de todos y no por presiones de uno solo de los firmantes”. Pero, ante todo, hay que poner por delante los intereses del pueblo de Guatemala y no los intereses de las grandes transnacionales, que al final de cuentas es por las que Estados Unidos siempre ha subyugado a los países de América Latina.

Hacer los cambios al solo estornudo del imperio y olvidar que somos un país independiente, es aceptar la imposición y no ejercer el derecho ciudadano de legislar para proteger los intereses de la población guatemalteca y, en este caso, de los seres humanos que serán condenados a la muerte por falta de medicamentos más baratos que los precios que nos imponen las transnacionales de la muerte

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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