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Frente al chantaje: dignidad
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 5 de enero de 2005

El TLC es un atentado a la salud y vida del pueblo de menores ingresos.

En síntesis, ese fue el mensaje que lanzó la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, ante la prepotencia de Estados Unidos y, especialmente, de su Embajador en Guatemala que se ha convertido en férreo defensor de los intereses de las transnacionales de la medicina, so pretexto de violación a convenios anteriores y el articulado del TLC impuesto a los gobiernos de Centroamérica.

No podíamos esperar menos de la premio Nobel, aun cuando algunos consideren que hay intereses personales de por medio y se hayan dado a la tarea de denigrarla. Consideramos que es una posición valiente desafiar a los voceros del imperio y decirles en su cara que están chantajeando al país y que, además, el TLC es un atentado a la salud y vida del pueblo de menores ingresos.

El gobierno, a regañadientes, había dado un paso positivo al presentar al Congreso un anteproyecto de Ley que reemplazara el lesivo Decreto 9-2003 que el FRG, con Ríos Montt a la cabeza del Congreso, había aprobado en contra de los intereses del pueblo y a favor de las grandes transnacionales y de la política económica de Estados Unidos. El decreto 34-2004, a pesar de sus ambigüedades, es una esperanza de salvar o prolongar vidas de aquellos seres humanos que no tienen los recursos para comprar medicinas de marca, que los hospitales nacionales o el IGSS les niegan por los altos precios.

Las organizaciones que se han opuesto a la ratificación del TLC deberían levantar su voz para que el gobierno no acepte el chantaje, saque fuerzas de flaqueza y mande por un tubo a quienes, como el embajador Hamilton, se meten en las decisiones políticas del gobierno y exigen descaradamente el cambio de un decreto que, se supone, fue propuesto y aprobado soberanamente como cualquier Estado tiene derecho a hacerlo.

Las razones humanas de EE.UU.: no se ven por ningún lado y ante ello, el Gobierno de Guatemala, por dignidad y soberanía debería mantener sus posiciones y jugarse el todo por el todo aceptando su no ingreso al TLC, que tan duramente ha sido criticado por las organizaciones de la sociedad civil. Hoy vemos que las presiones no son sólo para Guatemala, sino para cualquier país que quiera mantener sus propias decisiones.

Estamos de acuerdo en que, ante el chantaje, el abuso de poder, las imposiciones y la intromisión en asuntos de política interna, debe prevalecer la dignidad, la soberanía y el rechazo rotundo a quienes nos siguen considerando su hacienda y piensan que los convenios, los tratados o las normas internacionales sólo tienen razón de ser y son de cumplimiento obligatorio cuando favorecen sus intereses. Hay diputados, y el pueblo sabe quiénes son, que se han opuesto a la creación de la Comisión Investigadora de Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad (CICIACS), a la instalación de la Oficina del Alto Comisionado en Derechos Humanos de la ONU, según ellos en defensa de la soberanía, pero guardan silencio ante la intromisión cínica en aspectos que dañan el bolsillo del pueblo. Son los mismos que aplauden la salida de Minugua, porque anhelan que la impunidad siga cabalgando y arrasando con la mínima credibilidad que tengamos en el sistema de justicia y en las diferentes instituciones del Estado. Aunque sea ronca y poco audible, quisiéramos escuchar a quienes se oponen vehementemente a todo lo relativo a los derechos humanos, y que manifiesten ahora su rechazo a la imposición en lo relacionado a los genéricos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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