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Paren la matanza
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 27 de enero de 2005

En El Corozo actuó un grupo de matones a sueldo.

No estamos pidiendo piedad ni estamos suplicando al gobierno y a las autoridades responsables de la seguridad ciudadana: les estamos exigiendo que cumplan con sus obligaciones, que cumplan con su deber y que, en vez de ser copartícipes de los hechos sangrientos que a diario suceden, frenen el desangramiento y no aumenten el número de muertes, ni ataquen a los sectores sociales que buscan salidas a la crisis de gobernabilidad, crisis que existe, aunque el gobierno la niegue.

La situación es por demás insoportable y ha rebalsado el vaso, sin que se vislumbre el cese de hechos violentos de los cuales, cuando no son responsables las propias autoridades, lo es el crimen organizado y los sicarios que han proliferado y a quienes las autoridades se niegan a combatir. Para quienes participamos en el movimiento social y estamos empeñados en construir un nuevo país, en fortalecer el proceso de paz que se da en medio de los crímenes, nos parece que existe una estrategia preconcebida para sembrar el terror y no un plan para devolver la tranquilidad y la paz a la sociedad guatemalteca.

El sábado pasado enterramos a la niña Yida Fernanda Argueta, de escasos dos años de edad, hija de un activista de derechos humanos de Chimaltenango, asesinada cruelmente en un supuesto robo a su casa, de donde no se llevaron mayores cosas de valor, más que una cámara de vídeo. En este hecho intervinieron, según testigos, hombres con pasamontañas, quienes después de golpear a la madre, dieron muerte a una niña inocente (¿no nos hace recordar los tiempos de la guerra, en que se quería desaparecer la semilla?). Los noticiarios de televisión nos han impactado con el cuerpo mutilado de una joven mujer de 16 años que fue cruelmente asesinada, así como de otros jóvenes asesinados en diferentes partes del país, sin señalar a los cinco jóvenes sacados violentamente de sus casas, torturados y asesinados. ¿Qué camino llevamos? ¿Qué espera a esta sociedad ante la indiferencia de las autoridades?

Después de ello, se producen los sucesos de la finca El Corozo, en Samayac, Suchitepéquez, donde fue evidente la participación de un grupo de matones a sueldo de los dueños de la finca. Las imágenes de la televisión fueron más que elocuentes, los agentes de la PNC dejaron el paso libre a la banda armada del finquero y a la vez, los PNC actuaron con brutalidad contra los campesinos. ¿Qué clase de finqueros tenemos, que matan o mandan a matar por un par de cushines que unos niños cortaban? La perversidad es inmensa cuando adultos armados se ensañan contra niños. No fue la problemática de la tierra la que provocó este hecho sangriento, donde cinco campesinos perdieron la vida, sino la desaparición y posterior asesinato de un joven que osó pisar la “propiedad privada” de un millonario, para colmo ex candidato presidencial.

¿Adónde vamos a parar si seguimos permitiendo estos hechos? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a aguantar? La violencia de por sí genera más violencia. La solución no es la justicia por mano propia. La población ya no aguanta la carga.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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