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Se venden niños
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 31 de enero de 2005

Ocupamos el vergonzoso primer lugar en América Latina como país proveedor.

Dentro de muy poco tiempo vamos a encontrar supermercados de venta de niños y niñas, y podremos verlos exhibidos en escaparates en La Antigua, Atitlán, Tikal o cualquier otro lugar turístico a donde llegan extranjeros dispuestos a pagar por ellos, como lo hacen por cualquier mercancía. No sería raro tampoco, que los pongan en oferta de acuerdo con sus características, eso depende del mercader o abogado que comercia con niños.

Ese camino llevamos, mientras a los diputados no se les ronque la gana (dicho en buen chapín) legislar en protección a la niñez para frenar la venta ilegal y, con ello, el robo de niños o el engaño a las madres para que los den en adopción a familias nacionales o extranjeras. Como ya lo han señalado los medios de comunicación, ocupamos el vergonzoso primer lugar en América Latina y el tercero en el mundo, como país proveedor o exportador de niños y niñas. Quién sabe si al mismo tiempo lo somos como vendedores de órganos para salvar la vida o mejor la salud de las personas, mal llamadas del primer mundo, que demandan nuestros bebés y que se ha convertido en el mercado seguro para quienes comercian con ellos pues, según Prensa Libre, los abogados metidos en el negocio tramitan entre 200 y 300 adopciones al año, cada uno con un precio promedio de US$25 mil.

Cuando el Convenio de La Haya sobre adopciones internacionales fue puesto en práctica, el 5 de marzo de 2003, algunos abogados saltaron, presentaron recurso de inconstitucionalidad y, ni lerdos ni perezosos, los magistrados aceptaron y fallaron a su favor, sin importarles la venta y tráfico de seres humanos. El camino quedó nuevamente abierto para que los abogados, y entre ellos muchos abogángsters, puedan seguir tramitando adopciones sin control estricto. Sólo en 2002 fueron dados en adopción 2 mil 931 niños, 62 de ellos a familias guatemaltecas y el resto a otros países. En los 9 primeros meses del año pasado, se recibieron 7 mil solicitudes de adopción. Quién sabe a estas alturas, cuántos niños han sido vendidos y no adoptados, porque existe un grupo de abogados que comercia con ellos y varias casas clandestinas en donde los mantienen escondidos mientras llega el momento de la entrega.

En julio de 2004, el proyecto de Ley de Adopciones recibió dictamen favorable en el Congreso. Se pidió una prórroga que ya venció y, hasta el momento, a los diputados les importa poco que la venta de niños continúe, pues, tal como lo dijo en octubre del año pasado Gladys Acosta, representante de UNICEF: “En Guatemala prevalece una legislación obsoleta, sin adecuada protección para los derechos de los niños y sus familias biológicas, a todas luces incongruente con los compromisos internacionales asumidos”. O, como lo señaló Rosa María Ortiz, del Comité de Derechos del Niño de la ONU: “Guatemala es el país donde peor se realizan las adopciones, lo cual favorece el tráfico de menores y las violaciones de sus derechos”, afirmando que “las adopciones se han convertido en un negocio rentable y las autoridades han demostrado no tener voluntad política para frenarlas”. Nuestra posición no es contra las adopciones, ni contra el derecho de los niños de tener una familia, es contra el negocio, la ilegalidad, el robo y tráfico de niños por gente inescrupulosa y hasta cierto punto criminal.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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