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El nuevo ubiquismo
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 24 de febrero de 2005

El anteproyecto de ley contra las maras es electorero.

En el recinto parlamentario, no sólo se oyen pasos de animal grande, sino se sienten sus pezuñas intentando aplastar derechos constitucionales con leyes específicas. El pretexto es garantizar la seguridad ciudadana y terminar con las pandillas o maras que funcionan en el país. La intención a primera vista, pareciera ser buena y responde a lo que un grueso de la población quisiera ¡exterminar a las maras sin contemplación alguna!

El anteproyecto de ley contra las maras, tiene un carácter eminentemente represivo, populista y electorero, está hecho a imagen y semejanza de futuros dictadores y recoge quizás sin quererlo, aspectos de leyes contra la vagancia de triste recordatorio o de elementos que ha esgrimido el gobierno de Estados Unidos contra el terrorismo para sofocar cualquier tipo de protesta o paralizar a líderes del movimiento social y, especialmente, a la juventud que tendrá que cuidar las apariencias para evitar ser capturado o secuestrado y tirado en cualquier botadero de cadáveres con un par de tiros de gracia. En los años 78-83 se disparó y capturó a las personas a la menor sospecha.

Los llamados carros broncos con gente armada, lentes oscuros y sombrero de petate o gorra, proliferaron sembrando el terror por doquier. Hoy se plantean nuevas leyes represivas que den lugar al fomento de la impunidad para poder dar órdenes a los matones que se cobijan en las fuerzas de seguridad y en los partidos neofascistas para que cubran su cuota de jóvenes y mujeres asesinadas.

Los tiempos de Estrada Cabrera y los de Ubico que añoran las abuelas y quienes con razón se desesperan de tanta agresión delincuencial, no puede repetirse porque no es la solución, por el contrario coartan derechos fundamentales de todo ciudadano que deben de ser garantizados por el Estado. Eso sólo puede suceder si a los diputados les importa un comino la Constitución y el débil y tambaleante proceso de construcción de la democracia,

El fin, jamás justifica los medios y no se puede ni se debe sacrificar principios por un mal menor que, aún cuando alcanza proporciones insoportables y alarmantes, a simple vista tienen otras formas de solución que no pasan por violentar la Constitución que, aunque deficiente, fue un paso para el inicio de un proceso que aún no concluye.

Quiero decirles, antes que nada, que no defendemos a quienes cometen crímenes y robos, sean estos niños bien, que se descarrilaron o jóvenes excluidos, marginados, abandonados y acorralados por la sociedad y el Estado. Defendemos derechos fundamentales de una sociedad que sabe, qué son y cómo actúan las dictaduras, que hicieron los militares a este país y que perdió a lo largo de muchas décadas. Estamos de acuerdo en el combate a la delincuencia y crimen organizado, pero no en retrocesos que más temprano que tarde lamentaremos.

Si queremos avanzar en la construcción del Estado de Derecho, es imprescindible que, a la par de la aplicación de la ley, se ataquen las causas estructurales que generan la situación de inseguridad ciudadana y a la vez depurar todo el sistema de justicia y las fuerzas de seguridad para que la población encuentre respuesta a sus lamentos y exigencias.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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