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Caso Zamora, un fallo a medias
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 7 de marzo de 2005

A pesar de esto, se sienta un precedente importante.

Si las investigaciones del Ministerio Público en todos los casos de agresión, coacción y amenazas contra periodistas fueran diligentes y efectivas, quizás el libre ejercicio de la profesión fuera una realidad, porque muchos de aquellos que tienen mentes cavernarias, que ejecutan los hechos o los planifican, estarían en la cárcel. Queda claro que la condena a uno de los sicarios en el caso Zamora, no fue por los años que se esperaba, pero 16 años, si realmente se cumplen en la cárcel, es un respiro para la sociedad y debe servir para disuadir a quienes se ponen al servicio de los jefes de aparatos clandestinos.

Podemos o no compartir el fallo del tribunal de sentencia y a los afectados les asiste el derecho de apelación, ya que, dejar en libertad al otro implicado, pese a que los jueces estaban convencidos de que todos sus testigos fueron falsos y que en ningún momento demostró su inocencia, representa un peligro para la familia Zamora y abre la puerta para escapar de la justicia. Comprendemos que cuando surge la duda es preferible que un criminal ande libre a que un inocente esté en la cárcel, pero el tribunal fue claro al señalar la deficiente investigación y la responsabilidad del Ministerio Público.

En el fondo, y por lo que escuchamos en la fundamentación de la licenciada Carol Flores, había elementos para condenarlo, pues consideró que él y sus testigos llegaron a mentir y repitió que “se le absuelve porque había duda razonable y que la duda favorece al reo” descargando toda la responsabilidad en la deficiencia del Fiscal del Ministerio Público. Ese aspecto es de suma importancia porque pone en el tapete lo que muchos hemos señalado, que el Ministerio Público y sus fiscales, por complicidad o por falta de profesionalismo, no asumen la grave responsabilidad de la persecución penal y que al no cumplir con su cometido, contribuyen a que siga campeando la impunidad. Si los dos sujetos con amplio récord delictivo fueron llevados al banquillo de los acusados, fue por la tenacidad de la familia Zamora y no por los méritos de los fiscales que conocieron el caso.

Hay que estar conscientes de que no fueron dos los que allanaron la casa, sino más de diez y que atrás de quienes realizan los trabajos sucios están los peces gordos que se siguen burlando de la justicia. ¿Quiénes y cuántos son? Algún día lo sabremos con pelos y señales cuando el sistema de justicia asuma con seriedad la grave responsabilidad que le compete en la erradicación de la impunidad.

El abogado defensor de Eduviges Funes, Carlos Pocón, se dedicó no a defenderlo, sino a romper la cadena de mando, posiblemente en protección a los “jefes” del desaparecido Estado Mayor Presidencial y otros que con el tiempo deben ser juzgados, de allí sus declaraciones al conocer el fallo: “No compartimos la sentencia. La decisión fue muy severa”, en otras palabras, sí era culpable, pero no ameritaba 16 años de cárcel.

A pesar de un fallo a medias, se sienta un precedente importante en aras del respeto a la libertad de prensa y a la libre emisión y expresión del pensamiento. Falta mucho por ver y el caso Zamora no se cierra, hasta tanto muchos de los criminales sigan sueltos y los autores intelectuales sigan cobijándose en instituciones públicas y en los aparatos clandestinos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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