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La discriminación y el juicio oral
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 12 de marzo de 2005

Merecen ir a la cárcel para evitarque otros cometan esos actos.

El pasado martes se marcó un hito en la historia jurídicade Guatemala, con el simple hecho de haberiniciado el debate oral por racismo y discriminación yhaber sentado en el banquillo de los acusados a cuatromujeres y un hombre que, protegidos por el poder imperanteen octubre del 2003, vociferaron en contra deuna mujer indígena, sin pensar que, más temprano quetarde, estarían en la bochornosa situación de ser juzgadospor una actitud que es común en Guatemala y que,poco a poco, a fuerza de la aplicación de la ley, tendráque irse erradicando.

El odio, el rencor, el veneno que vertieron sobre la mujerindígena que ese día llegó, como cualquier ciudadano,a la Corte de Constitucionalidad, fue también en contrade la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, a la quenunca han aceptado como tal, porque para ellos y ellas,las “indias y los indios” sólo los pueden ver como mano deobra barata o vendiendo tomates en la terminal, pero nuncacomo seres humanos y, mucho menos, como los constructoresde este país en el que muchos se han paseado.

La arrogancia de quienes no reconocen la existenciade otros pueblos en este mismo territorio y que, al igualque en la Alemania nazi, se consideran la clase superior,debe resquebrajarla y hacerla trizas la justicia para sentarprecedentes que eviten esta clase de comportamientosque, de seguirlos permitiendo, sólo demuestran nuestroatraso como país y nuestra tolerancia a actos impunesque deben ser severamente castigados.

Si un hecho de esa naturaleza sucede en la propia Cortede Constitucionalidad, ¿qué no sucede en las calles,restaurantes, mercados y casas particulares? Las denunciasque en otras oportunidades se han hecho por discriminacióncontra otras personas -especialmente mujeres-indígenas, no han tenido el eco que tiene el caso quehoy se ventila en los tribunales y que pone de manifiestoque a la justicia hay que zarandearla, hay que perseguirlaincansablemente para que actúe, para que deje ver carasy puestos y sea aplicada en cualquier caso de discriminacióno racismo comprobado y no sólo cuando se tratade la Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, esto da esperanzasa otras personas.

El manto de la impunidad con la que muchos actúanempieza a desgarrarse lentamente, ojalá y sirva de ejemplo.No creemos que este juicio erradique la discriminacióny el racismo innato, pero sí puede educar y concienciara las nuevas generaciones sobre la dignidad y el respetoque todo ser humano merece, sin distingos de etnia,género, credo o condición social y económica. Y puedetambién demostrar a muchos que el fanatismo no lleva anada bueno. Que por ningún dirigente político, en estecaso el genocida Ríos Montt, vale la pena levantar un dedoy alzar la voz y gritar groserías contra quienes, al igualque cualquier ciudadano, tienen derecho de manifestarsu opinión, rechazo u oposición a cualquier aspecto queviole la Constitución de la República.

Dicen que la experiencia entra por el pellejo, lo sientopor ellos y ellas, pero se merecen parar en la cárcel paraevitar que otros cometan actos similares o que ellos lo repitancon cualquiera de los miembros de los pueblos mayas,xincas o afrodescendientes.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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