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La democracia ante la violencia
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 21 de marzo de 2005

¿Acaso puede construirse democracia a golpes?

No es posible que la represión preceda al diálogo cuando éste debe ser primero, convocado y facilitado por el gobierno a manera de consulta y de política de relaciones con los sectores sociales. Los hechos del pasado 14 en Guatemala y el 15 en Colotenango, son consecuencia de la imposición, sumisión y entrega del gobierno en los brazos de la política gringa y de las grandes transnacionales, pero también de la falta de consulta de éste con quienes se consideran afectados y que ven con preocupación la entrega de la soberanía nacional a una potencia extranjera.

Mucho se podrá decir o señalar a los sectores populares de provocación e incomprensión, pero al respecto hay mucha tela que cortar y muchos elementos policíacos, militares y civiles que señalar. Nos constan actitudes intolerantes de ambos lados, pero más aún del gobierno que, dispuesto a servir intereses económicos dominantes, impone por la fuerza sus decisiones políticas con el uso de la violencia, frente a una población de escasos recursos que ve hipotecado su futuro y la hambruna solazarse en los parajes del agro. Hace tiempo, en una consulta popular, el pueblo perdió las reformas constitucionales agobiado por una campaña racista que hizo mella en la clase media, y aun cuando la consulta no fue en buena lid, el movimiento popular aceptó la derrota y respetó los resultados, se dieron declaraciones de rechazo pero no pasó a más. Se despilfarran recursos en aspectos sin importancia o en transferencias que provocan la corrupción, pero no se invierte para mantener informado al pueblo y darle la oportunidad de opinar en asuntos de orden nacional.

¿Por qué ahora no se aceptaron propuestas ni se hizo una consulta similar? Ese hubiera sido el camino correcto para fortalecer la democracia y no pasar sobre ella y, menos aún, ante presiones gringas evidentes y ampliamente conocidas por el pueblo. La violencia estatal siempre es difícil de justificar, pero además innecesaria y contraproducente en un país en proceso de construcción democrática.

Muchos tendremos que ir a la cárcel si ese es el recurso que queda al Estado para silenciarnos y justificar su política injustificable. Pero las cárceles llenas no frenan, sino aumentan la presión social y las calles seguirían tomadas por aquellos que hacen uso del legítimo derecho de resistencia. Con cien, doscientos o quinientos presos, con varios cadáveres en las calles, veremos qué puede hacer el gobierno y cómo salva su desfigurada imagen. No creo que las bombas, la cárcel y la metralla sigan siendo el camino aconsejable para construir el Estado de Derecho que queremos y el sistema democrático que deseamos. El costo que ha pagado la población en la historia reciente es grande, como para pedirle ese sacrificio y, como lo hemos dicho en otras oportunidades, es peligroso sentarse en las bayonetas para gobernar. El costo político puede ser grande para gobernantes y gobernados y fundamentalmente para el proceso de construcción de la paz. No necesitamos rambos para solucionar la problemática nacional, necesitamos sentido común, dignidad, respeto a los derechos del pueblo y disposición a servir al pueblo y no servirse de él.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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