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Veinte años no es nada
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 31 de marzo de 2005

Cuando se contribuyó a cegar toda una vida al servicio de la vida.

Para quienes se la pasan de fiesta en fiesta, estudiando o viajando, 20 años se van como si nada, se hacen cortos y quisieran prolongarlos indefinidamente. Pero 20 años en la cárcel han de ser duros, amargos, frustrantes, dolorosos e imborrables para el resto de la vida, sea por lo que se aprendió aprovechando el tiempo, por la lección recibida o porque se perdieron sin asimilar al experiencia.

Veinte años, la verdad, no se le pueden desear a nadie, pero las culpas y el silencio se pagan y eso sólo lo puede determinar la justicia para bien o para mal, para quienes deben ser resarcidos a través de ella o para quienes salen afectados con las decisiones de los jueces que cumplen una parte de su responsabilidad en el proceso que culmina la sentencia.

El Martes Santo pasado, la Sala Segunda de Apelaciones ratificó el fallo con enmiendas importantes que beneficiaron a los señores Lima equiparando las responsabilidades con las de Orantes y fijando los mismos años de cárcel. Respecto a Orantes, la Iglesia debería revisar después del fallo del Tribunal, si es que no lo ha hecho, si puede o no seguir ejerciendo cuando el sistema judicial lo encuentra culpable de complicidad en el asesinato de monseñor Gerardi, quien no sólo era su jefe en San Sebastián, sino un obispo de la iglesia destacado por la búsqueda de la verdad y la justicia.

Veinte años es mucho tiempo en la cárcel, pero no son nada cuando se contribuyó a cegar toda una vida al servicio de la vida y cuando se intentó silenciar a la iglesia, a las y los defensores de derechos humanos y sepultar la verdad de los hechos del pasado. Algunos comentaristas en los medios de comunicación, expresaron sus opiniones a favor de los reos, intentaron que nos compadeciéramos poniendo de por medio lo injusto de la justicia, para que no fueran condenados. En otras palabras querían que olvidáramos nuestros muertos y a los mártires de este país, pero ese no es el camino que deja atrás las atrocidades cometidas, es el simple camino que deja abiertas la compuertas para que la impunidad pase arrolladoramente y sigamos viendo el futuro sin esperanza.

El otro, el camino de la aplicación y búsqueda de la justicia lleva a la reflexión, ata las manos, disuade, frena los impulsos bestiales, no devuelve la vida, pero puede contribuir a que se respete y se combatan las ideas con ideas. Ahora falta lo principal y veremos si la fiscalía encargada del caso, emprende diligentemente la persecución penal de los autores materiales e intelectuales del crimen de monseñor Gerardi. No quisieron hacerlo antes a pesar de ser su obligación y ahora veremos si encuentran excusas para no agotar las investigaciones y sentarlos en el banquillo de los acusados.

Dar con los responsables materiales e intelectuales del crimen, no sólo es resarcir a la familia de Gerardi y a la Iglesia Católica, sino también a quienes ya fueron condenados por contribuir con quienes planificaron y ejecutaron a monseñor Gerardi. En esa investigación exhaustiva se pone a prueba al Ministerio Público y estaremos pendientes de su trabajo, del cumplimiento de su responsabilidad, pues hay hilos que pueden seguirse y que conducen hacia quienes siguen sembrando la zozobra en la población y que han sido señalados en múltiples ocasiones.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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