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Niñez y adolescencia explotada
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 11 de abril de 2005

La explotación sexual infantil, como la venta de niños, se han convertido en nuestro país en un jugoso negocio

No se trata de un artículo sobre los bajos salarios y horarios excesivos que imponen los maquileros, ni de los niños y niñas que trabajan en las coheterías, ni de los ayudantes de albañil que no aguantan con la cubeta, ni de las casi niñas trabajadoras de casas particulares que se levantan antes que el sol aparezca y se acuestan cuando la patroncita da permiso, ni de los niños que azadón al hombro se dirigen a las labores del campo y no a la escuela. No, esa es una forma de explotación salvaje y condenable si se quiere, pero no alcanza las dimensiones de la explotación sexual a que cientos de niñas y adolescentes someten en Guatemala.

Es este aspecto que quiero abordar para despertar una pizca de conciencia en los legisladores, fiscales y jueces, y en los pocos agentes de seguridad que puedan comprender las dimensiones del problema y contribuir a devolverle la dignidad mancillada a muchas adolescentes atrapadas en el laberinto de casas particulares, bares, o barras donde las encierran.

Hay sujetos en Guatemala, hombres y mujeres que se dedican al comercio sexual de niños, niñas y adolescentes a quienes engañan con prebendas de diversa índole, se aprovechan de sus necesidades económicas, de la desintegración familiar, de la migración interna y hacia otros países, y de aquellas que no encontrando esperanzas en el agro, son presa fácil de las y los enganchadores.

La explotación sexual infantil, como la venta de niños, se han convertido en nuestro país y en Centroamérica en un jugoso negocio ejercido con la participación directa o indirecta de funcionarios, agentes policíacos y militares que deberían velar por los derechos de la niñez. Este negocio atraviesa la región, va y viene de México a Panamá con las nuevas esclavas del siglo XXI que oscilan entre los 10 y los 17 años de edad. Atraviesan nuestras fronteras como cualquier mercancía que pasa de contrabando a ojos vista de autoridades migratorias, tan culpables como los y las que las esclavizan y utilizan para la venta al mejor postor, al que paga para saciar su bestialidad con una inocente que buscaba ganarse la vida decentemente, y que fue obligada a prostituirse para sobrevivir.

Las víctimas pueden ser las hijas de ciudadanos comunes o las de funcionarios indiferentes, de los trabajadores de aduanas que han lucrado para facilitar el paso o de los fiscales que se niegan a investigar, o bien de los jueces que por la paga dejan libres a sujetos apresados en casas de esclavitud y abuso sexual y hasta las hijas de policías que conocen a los mercaderes y son cómplices de ellos.

El caso que abordó Prensa Libre el pasado martes 12 de abril, es ejemplo de lo que sucede a lo largo y ancho del país. Tres sujetos y una mujer fueron detenidos en una casa de la zona 12 donde mantenían secuestra a una adolescente de 17 años y a quien bajo efectos de droga la obligaban a prostituirse. Continuará.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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