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Siete años después del magnicidio
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 25 de abril de 2005

El país distinto que soñó Gerardi no se vislumbra en el horizonte.

“No puede haber reconciliación verdadera en la mentira. Sólo el conocimiento de la verdad puede sanar las heridas y traer una paz basada en la justicia... El punto de partida para la verdadera reconciliación es el reconocimiento de la culpa y la disposición interior para pedir perdón... El perdón del enemigo tiene una auténtica eficacia histórica y por ellas pasa la construcción de la paz verdadera”. Monseñor Juan Gerardi.

Siete años después del crimen de Gerardi, sus palabras siguen teniendo impacto porque ese país que soñó, sigue siendo eso, un sueño incumplido. Esa verdad que persiguió y le llevó a la muerte, sigue sin encontrarse, y prueba de ello es que han pasado siete años sin que las investigaciones avancen, salvo en la condena a encubridores que proclaman su inocencia en vez de colaborar con la justicia y señalar a quienes son los responsables materiales e intelectuales del crimen, y la razón por la cual se encuentran en la cárcel.

Siete años después, la justicia retrocede, y con justa razón la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) denunció que las autoridades disolvieron la fiscalía encargada de investigar el asesinato y que el año pasado, la fiscalía que conocía del caso, permitió impunemente que personas ajenas al proceso revisaran los archivos. Mayor complicidad, descaro y cinismo no puede existir. Según la ODHA, el fiscal especial, Jorge Antonio García, fue trasladado a la unidad de impugnaciones, mientras que sus auxiliares fueron enviados a otras dependencias. Todo sucedió después de la sentencia como lanzando un mensaje “con los militares no se puede”, la justicia es para unos, pero para éstos nada que ver. En otras palabras, representa la no continuidad de las pesquisas correspondientes y un claro entorpecimiento de la justicia.

El Movimiento Monseñor Gerardi, surgido después del crimen, continúa haciendo memoria de su legado y reclamando justicia para un hombre justo. “Con su muerte pudimos experimentar que la paz tendría muchas dificultades. No nos cabe la menor duda que Gerardi fue asesinado por defender la verdad, los derechos humanos, el derecho de las víctimas y de los más pobres a expresar lo que había en el fondo de su corazón, y durante años se le había negado a decir. En resumen, Gerardi reconocía en ellos el derecho a la palabra y a la justicia”.

Ese país distinto que soñó no se vislumbra en horizonte, porque no somos capaces de enfrentar la verdad, porque sigue la ausencia de justicia y porque los hilos que pueden conducir a los responsables del crimen los rompen quienes fueron los responsables del magnicidio y que siguen teniendo poder para impedir que sigan las investigaciones. Nuestro silencio como ciudadanos, nuestra falta de exigencia a las autoridades y la tolerancia a los aparatos clandestinos e ilegales, es también complicidad. ¿Quién no sabe quiénes dirigían y daban órdenes en el Estado Mayor Presidencial? ¿Y quién no sabe de qué cantidad de hechos se acusa a sus miembros? Siete años después es tiempo suficiente para dar con los responsables.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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