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Ejército, un camino equivocado
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 30 de junio de 2005

Hay cosas más importantes que un desfile.

En un intento desesperado para cambiar la imagen del Ejército frente a los ojos de la población, se anuncia con bombos y platillos el desfile de las fuerzas de aire, mar y tierra que provoca la justa crítica de quienes consideran que no es un paso adelante, sino un retroceso en los pocos cambios que se han dado en la institución armada. El mismo día 30 se ha institucionalizado como día de los mártires, precisamente por el asesinato que aún permanece impune, del sacerdote Hermógenes López que se atribuye a los grupos obscuros de la época en los cuales estaban comprometidos elementos del Ejército.

La celebración y el luto, los victimarios y las víctimas, los militares y los civiles, los redobles y las consignas, las bandas y las pancartas, las justificaciones y las acusaciones, los hijos de militares con sus dudas, incertidumbres y rechazos y los huérfanos que dejó la guerra con sus acusaciones, señalamientos y recuerdos, se harán presentes en la plaza central reafirmando posiciones.

Se puede decir que esto es parte de la democracia y que la presencia de ambos es la música que acompaña el proceso. Otros, por el contrario, podemos decir que se trata de una provocación innecesaria y de un camino errado que no debe volver a recorrerse, porque no contribuye para esclarecer las múltiples acusaciones que se ciernen hoy sobre elementos del Ejército.

Entiendo que para el Ejército son momentos difíciles, porque es difícil entender los nuevos tiempos cuando no se tiene la mente abierta a los cambios y cuando se ha sido el centro alrededor del cual han girado las decisiones políticas más importantes de la historia reciente y, por supuesto, cuando se tienen las armas en la mano y dejan de ser útiles para cambiar y hacer girar la rueda de la historia.

Militares retirados y en activo creen que el Ejército está en trapos de cucaracha y que debe recuperar poder. Otros creemos que eso no es cierto, que se han dado cambios para que nada cambie y que el arranca–cebolla entre civiles y militares continúa con fuerza. El pulso iniciado hace años no ha terminado, los vientos soplan a favor de la sociedad civil pero, más que de ella, de la democracia, del Estado de Derecho, de la convivencia pacífica, de la construcción de una sociedad donde prevalezca el respeto a las diferentes expresiones y donde el derecho de unos termine donde comienza el derecho de los demás.

Hoy en día, hay cosas más importantes que un desfile para la credibilidad del Ejército. Esperaría una declaración clara y contundente sobre la corrupción y los desfalcos, sobre el estado en que han dejado la institución y sus dependencias quienes abusaron de los puestos, mancharon el uniforme y se enriquecieron a la sombra de la institución armada. Esperaría una condena pública contra quienes hicieron micos y pericos con recursos de sus compañeros de armas y con recursos del Estado. Esperaría un compromiso serio de depurar sus filas y contribuir en las investigaciones, sin contemplaciones de ninguna clase. El dedo acusador está sobre ustedes, los militares. El desfile no desvía los señalamientos, los exacerba, los pone a la orden del día, porque en este país “pagan justos por pecadores”, si la justicia no cumple la función de enviar a los responsables a la cárcel.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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