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Derecho a tener derechos
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 7 de julio de 2005

El ejercicio pleno de la ciudadanía va más allá de una votación.

Una cosa es que los ciudadanos no ejerzan sus derechos por temor, desconocimiento, falta de información o formación política, y otra es que no se les reconozcan y que además nos moleste que los ejerzan. ¿Qué es lo que pretendemos? ¿Que los pueblos sigan en la pasividad y no se metan en aquello que entorpece planes poco transparentes? El gobierno está en la obligación de escuchar las opiniones o el veredicto de la ciudadanía que debe manifestase cada vez que sus intereses estén en juego.

Cuando se hace uso de la ciudadanía, es común que en Guatemala salten funcionarios y no pocos columnistas diciendo que fueron manipulados, engañados y que se les empuja a cavar su propia tumba, aprovechando su ignorancia. Se ha ridiculizado la forma de explicación a personas que no saben leer ni escribir en aras de deslegitimar la autenticidad de una consulta que, aunque con errores, es un paso importante para que el Estado respete los derechos ciudadanos y es, además, una contribución al proceso de desarrollo democrático.

El ejercicio pleno de la ciudadanía va más allá de una votación en elecciones generales o de una simple consulta popular para decir sí o no a determinado proyecto. El ejercicio de la ciudadanía es el reflejo fiel del estado de salud de la democracia en un país. A menor ejercicio, mayor gravedad, y viceversa, pues no podemos pretender una democracia plena, pujante, sin tropiezos, con un pueblo sojuzgado históricamente y, por añadidura, con un alto porcentaje de analfabetismo que dificulta entender los derechos constitucionales que le protegen y mucho menos los compromisos internacionales que el Estado ha asumido en nombre de todos los guatemaltecos.

Ahora que dos municipios han hecho uso de ese derecho, se pone el grito en el cielo y se defiende a capa y espada el derecho de una transnacional a explotar los recursos sin contemplación alguna, porque acostumbrados están a que se agache la cabeza y desalojar violenta o pacíficamente comunidades que se crucen en el camino de la explotación minera, sin importar el daño que puede provocarse a generaciones futuras.

Ciudadanía significa ejercicio consciente de derechos constitucionales, es el hacer y decir todo lo que la Constitución no prohíbe y aquello que nos dé la gana, tomando en cuenta que nuestro derecho termina donde principia el de los demás. Es la defensa de los recursos que son propios y resistirse, a través de la organización, movilización, denuncia o votación, a que esos recursos sean enajenados a favor de terceros que lo único que pretenden es la ganancia desmesurada y no el bienestar del pueblo, pues acepten o no lo que el Estado cede, son derechos que no le corresponden.

Las dos consultas son importantes, son un ejemplo para otros pueblos, pero también para este o futuros gobiernos para que, antes de asumir compromisos de inversión extranjera, actúe con transparencia, revise las propias leyes e impulse las consultas respectivas en aquellos casos que amerita y le obliga la ley o los convenios. El atraso del país, el subdesarrollo crónico, no es culpa de la población analfabeta ni de los sectores de menores ingresos, es culpa de la ignorancia nata de un sector económico, conservador por naturaleza, que se ha convertido en una barrera infranqueable al desarrollo del país, porque solo ha pensado en acumular y no en desarrollar al país a partir del desarrollo integral de los seres humanos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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