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Aguacatán, un polvorín de tiempo
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 10, 15 y 22 de agosto de 2005

Aun cuando se llegó a un acuerdo, este no calmó los ánimos.

A más de 300 kilómetros de la Aciudad capital, se encuentra el municipio de Aguacatán, Adepartamento de Huehuetenango. Quizás por lo distante, el Estado de Guatemala y sus instituciones no ponen atención a los acontecimientos políticos y violentos que se han dado en ese pequeño municipio, especialmente después del proceso electoral pasado, donde la religión se mezcla con lo político y ambas con los problemas étnicos entre aguacatecos y chalchiltecos, que se disputan el poder a balazos y donde la sangre ha corrido por sus calles empedradas y los caminos vecinales, sin que las autoridades actúen imparcialmente y busquen una solución a los problemas antes de que sea demasiado tarde. Las palabras del Alcalde electo de Aguacatán que, en una entrevista reproduce Inforpress, son más que elocuentes y reflejan la gravedad de la situación: “Vamos a cumplir un año y ocho meses que el Estado de Guatemala solo nos está mirando a ver cuándo nos matamos.”

Después de las elecciones pasadas, transcurrieron 90 días continuos de conflictos, lo que afectó el normal desenvolvimiento de actividades y la salud mental de cientos de niños y jóvenes que estaban en medio de la actitud intransigente y violenta de los grupos. En esa oportunidad, el presidente Berger y el Ministro de Gobernación manifestaron que no iban a intervenir, porque se trataba de un “conflicto histórico” y aun cuando se llegó a un acuerdo, este no calmó los ánimos y hay pérdidas de vidas que lamentar por la negligencia.

Las acusaciones de complicidad en hechos violentos contra varios de los afiliados a partidos y comités que participaron en la contienda electoral pasada, son graves, pues fueron ellos los que promovieron la resistencia a la toma de posesión del alcalde electo por un Comité Cívico y respaldado plenamente por el Tribunal Electoral y, a partir de ello, acusaciones van y acusaciones vienen de un grupo a otro, sin que exista una mediación imparcial y permanente que ponga alto al enfrentamiento y permita el desarrollo normal de actividades municipales en un municipio que sufre el flagelo del hambre, la desocupación, la falta de mercados para sus productos, el analfabetismo y la carencia de programas de desarrollo integral que beneficie a sus pobladores en donde conviven 34 por ciento k'ichés, 31 por ciento chalchitecos, 17 por ciento awakatekos, 10 por ciento ladinos o mestizos y 8 por ciento mames.

Además de la situación de violencia, el aspecto económico-social es desastroso para los 45 mil habitantes de Aguacatán, pues el 86 por ciento son pobres, 44 por ciento viven en extrema pobreza, carecen de tierra y fuentes de trabajo, y muchas familias dependen de las remesas que envían los que emigraron a Estados Unidos y que suman más de un millón de quetzales al mes, lo cual alivia en parte la situación económica de las familias de un promedio de mil personas que han buscado trabajo en aquel país.

El caso ha llegado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a raíz del último atentado sufrido por el alcalde electo, Pablo Escobar Méndez, sucedido el pasado 2 de junio en el que salió herida su esposa, Isabel Alcón Ailón, el agente municipal Macario Mendoza, Cruz Juárez Hernández y Antonio Juárez Bosh, siendo asesinados Manuel López Gómez, Francisco Velásquez y Francisco Aguilón García. Se supone que a estas alturas ya han surtido efecto las medidas cautelares que solicitaron, pero si funcionan igual que las que se ponen para las organizaciones de derechos humanos, podemos imaginarnos que cualquier otro hecho de sangre puede suceder, pues pareciera que solo la muerte del alcalde puede satisfacer las ambiciones políticas en Aguacatán.

Con una historia así, soliviantar los ánimos es...

Hace más de cien años, en esa región existían dos municipalidades, la del Cantón Aguacatán y la del Cantón de Chalchitán. Pero el 27 de febrero de 1891, por Acuerdo Gubernativo, se suprimió la segunda, quedando únicamente la de Aguacatán. En el proceso eleccionario de 2000, los chalchitecos ganaron las elecciones, cuando históricamente habían sido los awakatekos quienes gobernaban, lo cual ha provocado una reacción inusual y violenta, exigiendo la renuncia del Alcalde, que fue reelecto por un margen reducido de votos en 2003. Los chalchitekos son un pueblo legalmente reconocido y su estirpe se ha extendido, pero al igual hay que reconocer y respetar a los awakatekos, k'ichés, mames y mestizos que habitan el lugar y encontrar puntos comunes para el desarrollo de sus culturas.

No se pueden olvidar las raíces comunes ni las afrentas que los pueblos indígenas han sufrido a lo largo de su historia, pues según las crónicas, por el éxodo de los pueblos mayas, “llegaron a esa región los ancestros de los pueblos que habitan el territorio de Aguacatán. Entre esos pueblos se encuentra el chalchiteco, que se estableció al este de lo que hoy es Aguacatán y desde la etapa clásica (1500 a.C.) hasta la época de la invasión en 1524, llegó a formar importantes centros poblados” y, según la Academia de Lenguas Mayas Awakateka, la antigua ciudad Awakateka hizo su aparición en el Cantón Aguacatán en la etapa clásica (300 a 1000 d.C.). Ambas ciudades se fortificaron previendo la expansión del imperio k'iché, lo cual indica que han tenido un destino común que no debe romperlo una simple elección de autoridades.

Según el arzobispo, doctor Pedro Cortés y Larraz, hacia 1768-1770, Aguacatán “se dividía en dos parcialidades, una es Aguacatán y la otra Chalchitán... en el pueblo de Aguacatán hay 45 familias con 170 personas, mientras en el pueblo de Chalchitán hay 215 familias con 648 personas”, y se comenta que había una cierta desventaja para los chalchitecos, ya que se identificaba a los aguacatecos como los únicos habitantes, por lo que ambos han luchado a lo largo de los años por mantener y reivindicar su identidad y su reconocimiento, especialmente los chalchitecos. (información de Inforpresspági- s na Web). La reducida población demuestra los estragos de la conquista y de las pestes.

Con una historia así, soliviantar los ánimos es jugar con fuego, pues hay acusaciones contra miembros de la Iglesia católica y partidos políticos e incluso contra la radio local que, según denuncias, han instigado a la oposición a actuar en contra de la corporación municipal que, dicho sea de paso, la mitad de sus miembros son de la oposición. La municipalidad, debido a las amenazas de muerte y atentados, funciona desde una aldea, lo cual no es normal y afecta a todo el municipio . El alcalde electo está dispuesto a renunciar para evitar una desgracia mayor por los enfrentamientos que han adquirido un carácter étnico. En la vida democrática, no es posible participar en elecciones sin estar dispuestos a perderlas, porque eso nos hace recordar el dicho de que “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata”. Continuará

Es tiempo ya de combatir las ideas con ideas.

Si uno suma los hechos de violencia que se han dado en Aguacatán en los últimos dos años, puede imaginarse que las cosas no van a parar; que, por el contrario, continuarán los enfrentamientos hasta tanto no se conforme un equipo de diálogo, se discutan con seriedad los problemas, se reciban y analicen propuestas concretas que lleven a soluciones efectivas. En esto, los partidos políticos involucrados tienen que jugar un papel importante y demostrar voluntad política de encontrar soluciones pacíficas, pues no es posible que quienes tienen la obligación de ser interlocutores de la sociedad, se conviertan en instigadores.

En el conflicto de Aguacatán no es fácil encontrar la verdad de los hechos, pues los ánimos de un bando y otro están caldeados y el insulto, la diatriba y las balas reemplazan la razón. Las consecuencias las sufre una población integrada por pueblos históricos como los aguacatecos y chalchitecos que merecen un mejor destino. Huehuetenango fue uno de los departamentos fuertemente golpeados por el Ejército en los 80, cuyo trauma sigue afectando a la sociedad, y por eso no compartimos tampoco la petición que hiciera el Alcalde de “imponer con carácter de urgencia, un Estado de excepción en Aguacatán como último recurso para recuperar el orden y la institucionalidad”, ni mucho menos compartimos el “reforzar el destacamento militar” y “la supresión de la emisora local Stéreo Aguacatán”, pues representa un atentado a derechos ciudadanos y a la libre emisión del pensamiento.

La solución hay que buscarla por otros medios, encontrar amigables componedores, deponer las armas o despistolizar, apegarse a la ley o hacerla respetar, pero ante todo, enfrentar los problemas comunes como la pobreza, la educación, la falta de fuentes de trabajo y el abandono histórico que han sufrido del Estado. A lo más granado de la dirigencia del movimiento indígena debería preocuparle la situación de Aguacatán y prestar su concurso para encontrar una solución negociada en una mesa de diálogo. La democracia implica aprender a perder y ganar en los procesos populares, tenderle la mano al ganador y ofrecer la colaboración en su gestión y, a la vez, no ensañarse con el perdedor y tratar de aplastarlo. Si queremos construir un Estado Democrático de Derecho, no se pueden seguir solucionando los problemas a balazos, tiempo es ya de combatir las ideas con ideas.

La suma de votos de partidos y comités perdedores, hacen mayoría, pero así es cuando la democracia está en construcción. Un solo voto hace la diferencia y hay que respetarlo. Eso mismo sucede a nivel nacional y no es lícito bloquear la gestión de los otros. Si en el camino se ve, se palpa y se comprueba la incapacidad o la corrupción, hay que hacer uso de los derechos constitucionales de denuncia, de petición, de protesta y resistencia, pero nada justifica el uso de armas y el enfrentamiento.

Aquí se trata de una reflexión de los líderes de los principales grupos, de la intervención de personalidades reconocida en la población, de la aplicación de la ley, y de una presencia del Estado que no puede seguir haciendo caso omiso de lo que sucede en un pueblo pequeño, pero lleno de problemas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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