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Los estudiantes del 89
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 31 de agosto de 2005

El terror se instalaba en las calles nuevamente.

Estábamos en el de agosto del cuarto año del gobierno civil del licenciado Vinicio Cerezo Arévalo. Se suponía que el proceso democrático estaba en auge, aunque la guerra continuaba. La huelga magisterial se desarrollaba y sería mediatizada por el gobierno. La Asociación de Estudiantes Universitarios, la AEU histórica, trataba de reponerse del desangramiento y nuevos cuadros dirigenciales surgían al calor de las luchas sociales y en medio del temor por el accionar de los grupos contrainsurgentes que pululaban por doquier. La huelga había alcanzado grandes dimensiones, pero los oportunismos de siempre y las divisiones que al interno del magisterio se manifestaban, predecían el fracaso.

No podía uno imaginarse que se avecinaban 20 días trágicos para el estudiantado y el pueblo que, en silencio, seguía recordando sus muertos y sus desaparecidos. Agosto y septiembre negro se iniciaba con el secuestro, el 21 de agosto, de Iván Ernesto González, cuando a las 11:00 de la mañana abandonaba las aulas universitarias. Al día siguiente, estaban acechando a Carlos Ernesto Contreras Conde y Hugo Leonel Gramajo, al primero lo secuestraron por la mañana y al segundo al caer la tarde, ambos permanecen desaparecidos y sus familias sufrieron toda clase de hostigamientos posteriores. El 23 de agosto, los dinosaurios se dirigieron a la zona 11:00, hombres armados que se conducían en dos carros, placas P-14462 y P-161097, acechaban la casa de la familia de Silvia María Azurdia Utrera y Víctor Hugo Rodríguez Jaranillo, quienes fueron violentamente secuestrados y desaparecidos. Ese mismo día correría la misma suerte Aarón Ubaldo Ochoa, cuando de su casa se dirigía a la Usac, así como Mario Arturo de León quien, después de una conferencia de prensa para denunciar los secuestros de sus compañeros, fue detenido y desaparecido.

Habían sido tres días trágicos para el estudiantado, siete jóvenes estudiantes habían desaparecido de golpe y el terror se instalaba en las calles nuevamente, en la universidad y en la sociedad que había creído en la posibilidad de la democracia con el primer gobierno civil. Pocos días después se reiniciaría la cacería humana durante otros tres días. Entre el 8 y el 10 de septiembre, Carlos Leonel Chutá Camey, Carlos Humberto Cabrera Rivera y Eduardo López Palencia, fueron detenidos-desaparecidos el 8, 9 y 10 de septiembre de 1989 respectivamente, para cerrar otro de los capítulos negros de la historia que ha sido escrita con sangre de promesas juveniles, cuyo delito fue llegar a ocupar puestos de dirección en la AEU o en las asociaciones de las diferentes facultades de la Usac. Se unieron a Oliverio Castañeda de León, Antonio Ciani, y al grupo de universitarios detenidos-desaparecidos en 1984.

¿Qué dice el Ministerio Público de esto? ¿Qué han hecho? ¿Qué dice el ex presidente Vinicio Cerezo que quiere volver a postularse por sobre los cadáveres de estudiantes detenidos-desaparecidos y asesinados por sus “fuerzas de seguridad”?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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