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Acción, no discurso contra la pobreza
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 19 de septiembre de 2005

Digan cómo porque esta situación no puede seguir así.

El deshonroso y vergonzante 117 lugar entre los países del mundo que dejan morir a su niñez por falta de alimentos, debe ser motivo de un cambio estructural profundo a corto plazo y una toma de conciencia de quienes más tienen y pueden aportar para impedir que pueblos enteros se consuman en la pobreza más espantosa. La justificación de que pobres y desnutridos siempre han existido, debe rechazarse y condenarse, para dar paso a una acción solidaria de gran envergadura para erradicarla de nuestro suelo, pues tal como lo señaló el Presidente de Brasil: “El hambre es un genocidio silencioso” que nosotros estamos cometiendo.

Hay que pensar en serio en invertir mejor los más de Q1,100 millones destinados al Ejército y volcarlos a planes concretos para combatir el hambre y no para mantener a quienes hoy no hacen ninguna acción productiva para el país que beneficie a los pueblos abandonados por la justicia. Las monjas, los religiosos y mujeres altruistas han dado lo mejor de su vida en comunidades apartadas sin esperar reconocimiento alguno y con recursos siempre limitados. ¿Qué ponemos los demás? ¿Qué planes concretos tiene el gabinete empresarial? ¿Qué están dispuestos a sacrificar quienes más tienen?

No podemos continuar extendiendo la mano al mundo como limosneros a pesar de que ellos, los países ricos, tienen obligación y han acordado destinar el 7 por ciento de su PIB al combate de la pobreza, pero esto primero no se cumple y, segundo, muchos de los grandes, la mayoría, tiene planes más allá de 2020 para cuando millones de seres humanos pasarían a engrosar la lista de los virtualmente muertos por hambre en el mundo. Aquí, se trata de tomar la responsabilidad en nuestras manos, de asumir solidariamente el costo que representa la erradicación del hambre y la pobreza, de cranear conjuntamente las estrategias para hacerlo, sin pasar años en planificación, sin que los técnicos se lleven lo que se puede invertir.

Dejen ya esa opinión de “no quieren trabajar, quieren vivir de regalado” o lo que es peor, “están acostumbrados a vivir así y se conforman con poco” o “para qué traen tantos niños si no tienen para mantenerlos”, pues no se trata sólo de personas adultas que mueren de hambre, sino de miles de niños y niñas que no alcanzan los cinco años de edad y que no tienen la culpa de haber nacido en un país donde la clase dominante se emborracha y embrutece de dinero. Si algunos siguen pensando que no hay que dar pescado, sino enseñar a pescar, digan cómoporque esta situación no puede seguir así.

Gobierno y ciudadanos tenemos que hacer el esfuerzo permanente y el objetivo primordial debe ser cumplir antes de tiempo los planes del milenio, poniendo énfasis en el combate a la pobreza y al analfabetismo, partiendo de que no se puede enseñar a leer a mentes que deliran por un pedazo de pan y un vaso de leche que no hemos sido capaces de llevar a todas las escuelas. Asumamos el reto y construyamos un país y una sociedad solidaria.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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