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Receta militar, para militares
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 3 de octubre de 2005

No pueden seguir existiendo hijos y entenados.

Era de esperarse que dentro de los planes estratégicos del Ejército, estaba el aceptar el cambio para que nada cambiara e iniciar un proceso de democratización tutelada que les permitiera salvaguardar sus intereses y, a la vez, agenciarse de los recursos del erario y hasta de los ahorros de quienes cotizaron en el Instituto de Previsión Militar. Todo cubierto con el manto del secreto militar y, por supuesto, con el de la impunidad que han gozado.

Aparentemente en el proceso de construcción democrática después de los Acuerdos de Paz, perderían poder, reducirían sus efectivos, pero también debían reducir su presupuesto y ya no actuarían contra su pueblo. Sin embargo, parece que redujeron sus efectivos, pero no su presupuesto y se alinearon a la política norteamericana de profesionalización de los ejércitos, que les permite la relación con fuerzas armadas de otros países y la acumulación de otras experiencias para seguir siendo los reyes tras el trono.

Vinicio Cerezo sabe de esos entretelones, pues fue el civil que llegó al poder sin poder y cuando quiso traspasar la línea que le marcaron, los intentos de golpe no se hicieron esperar y no le quedó más que aceptar las reglas del juego con cartas marcadas de antemano. De los otros gobiernos no hablaremos, porque si les dejaban a los militares el espacio para favorecer al sector que representaban o para robar a sus anchas, no había problema.

Poder económico y poder militar, por secula seculorum, se han entendido y el poder político siempre ha sido compartido, disputado o negociado para montarse en el pueblo. Por eso, tienen hoy en día peones en el Congreso, civiles y militares, hombres y mujeres, del oficialismo de la oposición caricaturesca, que avalan con su firma y su discurso dictámenes de anteproyectos de ley que les pueden permitir seguir actuando con toda impunidad y hablando de construir un Estado de Derecho a semejanza de la derecha más recalcitrante que hemos sufrido que, con o sin tribunales miliares, absuelve a los criminales de los hechos del pasado y a los corruptos de ayer y de siempre, de cualquier complicidad y culpa.

Los nombres de todos los miembros de la Comisión de Defensa del Congreso y de aquellos diputados que aprovechan para echarle flores a la institución armada y que son capaces de lamer botas, hay que grabarlos, hay que tenerlos presentes porque unas veces escriben con la izquierda y siempre rubrican con la derecha, para reafirmar su posición en contra de los cambios profundos que nuestro país necesita para pasar a formar parte de los países que han sido capaces de construir, aun con deficiencias, un Estado Democrático de Derecho, que jamás puede ser el mismo que la derecha pregona y el pueblo añora y sigue soñando.

Las leyes de impunidad que rubricaron, y que representan un retroceso del proceso, deben generar el más amplio rechazo ciudadano, pues bajo ninguna circunstancia se puede permitir la existencia de tribunales militares para que juzgue actos de militares. Es como poner al chucho a cuidar las longanizas o las salchichas. Es la más repugnante impunidad que se quieren recetar los militares con el descaro que les caracteriza. Ojalá y eso genere una reacción coordinada de toda persona que está convencida que aquí, en Guatemala, no pueden seguir existiendo hijos y entenados, ciudadanos de primera y de segunda clase.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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