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Ante la tragedia: solidaridad
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 10 de octubre de 2005

Es un anuncio para que no sigamos siendo indiferentes.

La naturaleza nos obliga o nos debe obligar a pensar en los otros, en lo bien que estamos quienes no vivimos en los pueblos que alcanzan las aguas desbordadas de los ríos, quienes no estamos en los asentamientos o al borde de los abismos en los barrios o colonias marginales, construidas con latón en los cerros y barrancos. La naturaleza quiere tocar nuestra conciencia a quines creemos en ella y nos golpea el infortunio de otros. Quiere tocar nuestro corazón a quienes creemos que lo tenemos y a quienes no se nos ha endurecido con el metal y como el metal que no permite escuchar las palpitaciones de angustia de otro.

El desastre anunciado en los pueblos es un llamado, es un anuncio para que no sigamos siendo indiferentes, para que no abandonemos más a los excluidos a su suerte, para que pensemos en el país, pero más que en él, en los seres humanos que lo habitan y corren riesgo inminente de perder sus bienes, los pocos que tienen, o la vida. Es tiempo de pensar en todo y en todos, y en ese todo va el pensar en el tipo de país que tenemos, que construyeron nuestros tatas con estructuras injustas y que nosotros seguimos fortaleciendo. No puede continuar el mismo Estado excluyente, injusto e inhumano en donde unos nadan en las aguas desbordadas de los ríos y otros en la abundancia.

No es quizás el momento de tirar los platos en la cara, ni de los golpes en el pecho, pero sí el momento de hacer un llamado para que entendemos la magnitud de la tragedia permanente que viven muchos guatemaltecos y guatemaltecas; para despertar en nosotros el sentido de la solidaridad humana, de la comprensión, del desprendimiento, pero también de la justicia y del tipo de Estado que tenemos que construir con miras al futuro. No es solo la inundación de hoy, es la de siempre, ha sucedido en otros años y sucederá en los venideros si no se toman medidas adecuadas y no pensamos desde ya en los cambios profundos que el país sigue necesitando. La simple caridad no es justicia, ni representa cambio alguno que alivie las penas que eternamente sufren los desposeídos.

No basta un punto resolutivo del Congreso lamentando y visibilizando la tragedia de los pueblos hermanos de El Salvador y México y olvidar a los que ellos se supone representan en las diferentes regiones inundadas.

Se necesitan políticas públicas que contribuyan a superar la miseria y la carencia de una vivienda digna en el agro y las zonas marginales, alejadas del peligro o protegidas de alguna forma contra la potencia de la naturaleza que se ensaña con ellas. Se necesita tomar medidas para dejar de destruir el ambiente, provocando las erosiones y los cambios climáticos.

¿Podemos esperar algo más que lamentaciones de los congresistas y del gabinete empresarial que dirige los destinos del país? ¿Podemos pensar en un Estado incluyente, que vela por la vigencia de los derechos de todos? Si no es así, esperemos el estallido social, porque el agua ha llegado al cuello y la desesperación por la crisis económica, potencializa la tragedia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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