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Migrantes pagan entreguismo
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 20 de diciembre de 2005

Un producto de la globalización de la miseria.

La actitud dócil y entreguista de los gobiernos centroamericanos frente a Estados Unidos, la pagarán con creces los millones de inmigrantes que no fueron tomados en cuenta en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, porque desde un principio Bush no quiso que ese aspecto fuera incluido, ni mucho menos discutido en el TLC. En ese momento, los gobiernos tampoco hicieron nada para que ese aspecto, tan importante para nuestros países, fuera tomado en cuenta. Agacharon la cabeza, preferenciaron los intereses de las grandes transnacionales y de los empresarios, se sometieron totalmente a las políticas económicas del imperio y sacrificaron a los millones de personas que se arriesgan a traspasar las fronteras.

En medio de las negociaciones, aparecieron las bandas de cazamigrantes en la fronteras, armas en mano, con lentes de largo alcance, que se dieron a la tarea de colaborar con las fuerzas policíacas para detener o asesinar a quienes se aventuran para llegar al “paraíso norteamericano”: los gobiernos siguieron callando y nada hicieron para que se respetara la vida y los derechos de los connacionales.

El presidente Berger, igual que otros gobernantes, se llena la boca hablando del Estatuto de Protección Temporal, y despierta falsas esperanzas en los migrantes, pues sabe perfectamente que la posición del Gobierno de EE.UU. es implementar medidas severas contra los migrantes –quienes son “sospechosos” de “terrorismo”–, llegándose al extremo de expulsar masivamente, no solo a los ilegales, sino poner barreras para negar los derechos de los hijos de “ilegales” nacidos en ese país.

Recientemente, el flamante Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala se reúne con la dama de hierro norteamericana, Condolezza Rice, pero las negociaciones no alivian la situación, ni siquiera dan esperanzas. No se trató de exigir el respeto de los derechos humanos de los migrantes, quienes emigran por la pobreza y la falta de satisfactores en los países de origen, incluso arriesgando la vida, para llegar a un país que los trata con poca diferencia de cómo fueron tratados los antiguos esclavos. La migración es producto de la globalización de la miseria, que impone políticas lesivas a la mayoría de la población. Con estas nuevas leyes, pretenden que los empresario y agricultores de Estados Unidos se conviertan en policías y vulgares soplones.
Los guatemaltecos tenemos dignidad y hay que hacerla valer, haciéndole entender a los funcionarios gringos que los migrantes no son terroristas. Los terroristas de los que se queja el imperio del norte, fueron entrenados por sus fuerzas armadas para atentar contra los derechos de los pueblos a decidir su propio destino y construir un futuro mejor para todos los seres humanos.

Lo menos que podrían hacer los gobiernos centroamericanos es armarse de valor, recuperar una pizca de dignidad y poner también sus condiciones frente al imperio. Alabar el envío de remesas de quienes se rompen el lomo en esas tierras por sus familias en Guatemala, y agachar la cabeza frente al imperio, no es coherente con el discurso que manejan frente a los gritos de socorro de millares de compatriotas que se ven acorralados por las políticas represivas de Bush.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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