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Navidad de adultos mayores
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 22 de diciembre de 2005

No hay enfermedad que dure cien años ni adulto mayor que la soporte.

No hay derecho a que unos siembren esperanzas y otros den bofetadas en plena Navidad a quienes se encuentran en el ocaso de la vida y carecen de los medios más elementales para sobrevivir en condiciones de dignidad. No hay derecho a que el Presidente les extienda la mano con un cheque a quienes contribuyeron a desangrar al país y se dé una patada a quienes han contribuido a construirlo, e incluso a quienes no lo hicieron o actuaron contra los intereses del pueblo, pero que hoy están en la orfandad más espantosa, pues la ley del adulto mayor no tenía sesgo ideológico y me atrevería a pensar que, en principio, estaba ausente el interés político del voto.

No hay derecho a burlarse de adultos mayores que hoy mendigan en las calles, de quienes han sido abandonados, de quienes nada ni a nadie tienen en la vida, de quienes se ven obligados a recurrir a los albergues o que esperan se abra la mano caritativa para juntar lo de la tortilla de todos los días y no tendrán tamal de Navidad. No hay derecho a condenar nuevamente a quienes fueron condenados a vivir con salarios de hambre los mejores años de su vida, y dejarles hoy en el desamparo total al negarles una pensión que el pueblo, de una u otra forma, será el que la pague, como pagará, aun bajo protesta, los primeros cheques busca votos que el Presidente extendió a manos llenas en Zacapa. No hay derecho a cargar sobre las espaldas del pueblo un regalo electoral y negar un regalo navideño a quienes hoy como ayer, no tendrán Navidad medio buena.

No hay derecho, señor Presidente, a un veto que rubrica la miseria, que mantiene la injusticia, que condena a mendigar y que, en definitiva, adelanta la hora de la muerte e impide una de las últimas sonrisas navideñas que resaltan los surcos evidentes de ancianas y ancianos a quienes hasta las lágrimas se les han secado. Nadie tiene derecho de truncar las últimas esperanzas de quienes han vivido sin ellas.

Que tenga una feliz Navidad, señor Presidente, para usted y su familia, también para los adultos mayores que la componen y no necesitan de pensión alguna, como nadie de quienes hacen gobierno. Ojalá y estas fechas cristianas fueran suficientes para sensibilizar corazones, para recordarles a quienes más tienen y hoy gobiernan, sus obligaciones ciudadanas y la obligación que el Estado y el gobierno tienen de garantizar la vida y la seguridad de todos los guatemaltecos. Ojalá reflexionen, porque no hay enfermedad que dure cien años ni adulto mayor que la soporte. El hambre y la injusticia son dos de ellas y quién sabe cuánto las aguante este pueblo estoico, y heroico cuando la situación lo demanda. En esta Navidad un saludo a los adultos mayores que abrazan la esperanza y a mi padre y a mi suegro que, a sus 90 años, no necesitan la pensión porque se las brindan sus hijos, pero apoyan la demanda de quienes sí la necesitan y han sufrido una injusticia histórica.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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