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Sin justicia no hay paz
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 30 de diciembre de 2006

Muchos acuerdos pueden haber, incluso firmados y ratificados, como pueden haber y hacerse muchos discursos de buena voluntad y compromiso de sacar adelante el país, pero como dicen, hasta no ver no creer, y lo que vemos es que seguimos en lo mismo que hace 10 años, con altos índices de niños y niñas desnutridos, con regiones donde impera el hambre, con un ejército de desempleados o subempleados y mal pagados, con hospitales desabastecidos y en condiciones calamitosas, con centros de salud que no curan nada porque no tienen ni medicinas ni médicos, con los efectos del Stan presentes, con un bajo nivel educativo y un analfabetismo vergonzoso, con serios conflictos en el agro sin que se toque la tenencia de la tierra, con la presencia de matones en las fincas, y la acción de cuerpos ilegales y aparatos clandestinos y un acuerdo de creación de una Comisión contra la Impunidad que aún no existe y con el crimen organizado y narcotráfico metido hasta en la cocina de Casa Presidencial.

Así, ¿de qué paz hablamos? ¿qué tipo de justicia se pregona? Si las políticas gubernamentales continúan favoreciendo al sector económico que hace gobierno y tolerando y avalando la incidencia de poderes fácticos. Hay paz para unos pocos y desesperanza para las grandes mayorías que sobreviven con menos de Q15 diarios y para quienes el acceso a los bienes terrenales está más lejos que el cielo, pues se trata de un Estado cuyas bases de discriminación, racismo y exclusión que se debió empezar a destruir con la implementación de los Acuerdos de Paz respectivos, se mantienen porque las políticas económicas, sociales y culturales no se dirigen a construir un Estado incluyente, participativo y justo, sino por el contrario se afectan los intereses de los pueblos indígenas con la entrega y venta de los recursos naturales de amplias regiones del país a empresas transnacionales y se favorece la inversión de nacionales sin tomar en cuenta el desarrollo integral de los pobladores, en su mayoría indígenas, desplazados y expulsados de las regiones por donde pasa el “desarrollo” a la par de la miseria en que se debaten. La paz, lo siguen repitiendo grandes estadistas y no pocos gobernantes del continente que siguen las consignas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, es el fruto de la justicia, pero sus políticas siguen vulnerando la dignidad y derechos de los seres humanos. Las pompas de los diez años de la firma de la paz, este 29 de diciembre, tienen el sello de la injusticia, del atraso, de la acumulación despiadada y hasta de la falta de billetes, no en los bancos, sino en el bolsillo de quienes tienen salarios de subsistencia y de quienes quizás no pudieron ni siquiera tener el tamal en las llamadas fiestas de Navidad y Año Nuevo, que una vez más llegan sin paz y sin justicia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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