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Mil marines en el territorio nacional - Nuevos horizontes militares
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 19 de febrero de 2007

Mil marines en el territorio nacional

La comunidad guatemalteca tiene la palabra.

Hay que tener agua en las venas como el Ministro de la Defensa, para pedir y aceptar la presencia de marines gringos en el territorio nacional, y no sentir vergüenza alguna por semejante barbaridad, que sólo puede darse en un gobierno que antepone los intereses nacionales a los extranjeros y que quiere ver, y tener para él y el sector que representa, los dólares que vuelan más alto que el quetzal y se anidan en sus bolsillos. Está claro que la defensa de la soberanía tiene precio, no dignidad, como la que tuvieron los oficiales del Ejército que un 13 de noviembre de 1960 se levantaron en armas para oponerse a la utilización del suelo patrio para la invasión a Cuba, cuando el general Ydígoras Fuentes, sin rubor alguno, permitió la presencia de los boinas verdes en la finca Helvetia.

No ha sido suficiente el Plan Jaguar ejecutado en el departamento de Petén, que solo ha dejado como resultado un mayor control poblacional y absolutamente nada en control del crimen organizado al que posiblemente se aliaron, porque los perseguidos, capturados, encarcelados y no pocos de ellos golpeados y expulsados, han sido emigrantes centroamericanos que, por desgracia, al igual que miles de guatemaltecos, buscaban el sueño americano en territorio de cuyos gobernantes han provocado guerras, muertes y dolor a lo largo y ancho del planeta.

América Latina ha sentido en carne propia las garras del imperialismo y el pueblo de Guatemala sabe lo que representa una intervención, pues aun pasados 62 años de aquella repugnante invasión, seguimos sufriendo sus consecuencias, el país no despega, el desarrollo es igual y sigue siendo deseado y los marines vuelven impunemente a poner sus botas en el suelo nacional con el visto bueno de militares indignos, como aquellos que colaboraron y aceptaron, a cambio de dólares, la invasión del 54.

Me pregunto y pregunto al pueblo y a los elementos de las fuerzas armadas de Guatemala, ¿ya no quedan militares dignos en el país? ¿De qué honor, lealtad y valentía hablan los oficiales a las tropas? ¿Cómo quieren recuperar la confianza del pueblo cuando no son capaces de enfrentar sus culpas del pasado y la aceptación de vasallos en el presente? Esas cosas no las entiendo ni las tolero, ni guardo silencio, porque es equipararnos a quienes permiten la venta, casi regalada, de los recursos naturales del país a intereses transnacionales y la ocupación del territorio por tropas extranjeras que, más temprano que tarde, les darán órdenes para que sigan masacrando a su pueblo. La comunidad guatemalteca tiene la palabra, hay que luchar para que los sordos gobernantes nos escuchen y entiendan –no solo en castellano sino en los demás idiomas que se hablan en nuestra tierra- que “no” queremos seguir siendo el patio trasero de los gringos, que “no” queremos que sigan entregando nuestro país al capital extranjero, que “no” queremos más invasiones… que queremos justicia, paz, dignidad y desarrollo sostenible para nuestra nación, porque solo así podremos construir una Guatemala distinta.

Nuevos horizontes militares

No hay que olvidar que Guatemala es clave.

Primero corrijo un error en el artículo del sábado pasado, pues apareció: “el gobierno antepone intereses nacionales” y debió decir “antepone intereses extranjeros a los nacionales” en su aceptación al plan Nuevos Horizontes, de militarización y control poblacional. Se quiere dar atol con el dedo al pueblo. Los militares norteamericanos “casualmente” están en regiones donde la población ha dicho no a la minería. ¿No será una forma de intimidar a quienes, a través de su desarrollo organizativo, han demostrado que no aceptan imposiciones de ningún gobierno o poder económico?

Un artículo de Raúl Zibechi (ALAI, 21-07-2006, Paraguay el Vuelo del Cóndor), señala que “grupos de hasta 50 militares estadounidenses llegan para atender a la población. Se instalan por un período de entre tres días y dos semanas, y convocan a la población a recibir atención médica… militares armados hacen formar a mujeres y niños en filas; un médico les interroga y les llena una ficha con sus datos, se les pregunta si pertenecen a alguna organización campesina y se les entrega un sobre de plástico con pastillas, sin detalles sobre su contenido ni contraindicaciones”. Además hacen filmaciones y recogen datos de las comunidades, como quien dice “la ‘ayuda humanitaria’ es parte del conocimiento previo del terreno necesario para todo proyecto de control militar estratégico”.

Esto sucede en Paraguay, pero también en otros países de América Latina, y obedece a planes similares al Plan Colombia que pretende asegurar el control de la población para que quienes están en el poder se mantengan ahí, aunque sea militarizando el país. En Guatemala han empezado con sacar al Ejército a hacer labores policiales y de seguridad interna, tarea para la cual no están capacitados.

No hay que olvidar que Guatemala es clave en el istmo para el impulso de cualquier estrategia norteamericana y, de ahí, el endurecimiento de las políticas migratorias por parte de EE.UU. y la criminalización de los conflictos sociales en nuestro país. Estos planes tienen varios actores internos: el Gobierno y el Ejército, los finqueros y empresarios con sus grupos de matones y los intereses económicos extranjeros aliados al capital nacional. Falta ver qué papel van a jugar los movimientos sociales, la Iglesia y la oposición política, que no deben agachar la cabeza porque ello significaría dejar en manos de los poderosos el futuro de nuestra nación.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 17 y 190207


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