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De la vergüenza, a la indignación
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 8 de marzo de 2007

La ejecución de quienes ejecutan, viejo hábito.

Se podrá seguir diciendo que defendemos delincuentes y no la vida, pero parece que hoy las cosas están más claras para quien quiera verlas. La ejecución de quienes ejecutan no es una práctica nueva, sino la fórmula utilizada siempre para obstaculizar investigaciones y fortalecer la impunidad que impera, que golpea, que mete zozobra, que parece imparable y que carcome todas las instituciones del Estado y el tejido de la sociedad que permanece impávida. Nos avergonzó y nos puso en qué pensar el asesinato de los diputados y el piloto, parecía que habíamos llegado al límite sanguinario y de lo que un ser humano puede hacer, a otro ser humano. Secuestrarlo, torturarlo, dispararle y convertirlo en cenizas. Nos preguntábamos como es posible tanta saña, tanta crueldad, tanta capacidad operativa e impune, no dábamos crédito a lo acontecido, pero ahí estaban los cadáveres calcinados que hablaban por sí solos y nos recordaban hechos y formas de actuar del pasado.

Por la participación política de las víctimas y las presiones externas, los esfuerzos de investigación dieron algunos resultados, que desconciertan a la población, pues surgieron más dudas y se comprobaron hechos tantas veces denunciados por las organizaciones de derechos humanos respecto a la participación de las propias fuerzas de seguridad del Estado en múltiples crímenes o ejecuciones extrajudiciales. A través de ello podemos decir que la mal llamada limpieza social es una realidad que regocija a esta sociedad impregnada de la cultura de la violencia, porque en vez de condenar el constante asesinato de jóvenes, aplaude el aparecimiento de cadáveres con muestras de tortura.

Además de ese tipo de hechos que nos preocupan, están las amenazas que se han dado contra periodistas como Haroldo Sánchez, de ‘Guatevisión’, y de Samanta Guerrero, de ‘Radio Punto’, que se extienden a todos quienes han cubierto los trágicos sucesos con pelos y señales y que hoy se les quiere silenciar para que la sociedad no tome conciencia del alto grado de impunidad imperante, la cual también señala el Departamento de Estado norteamericano, que puede decir lo que quiera de las fuerzas de seguridad guatemaltecas con motivo de la visita del presidente Bush. A los guatemaltecos nos indigna la situación, a los norteamericanos les debería dar vergüenza seguir permitiendo el accionar impune del presidente Bush ante el mundo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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