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Pocilgas carcelarias
Por Miguel Ángel Albizures* - Guatemala, 16 de mayo de 2007

Las condiciones infrahumanas en que viven los reos deben mejorar.

Gobernación no ha descubierto el agua azucarada cuando acepta el colapso de las 12 cárceles en el país, pues se trata de todo el sistema penitenciario que históricamente ha carecido de atención por parte de los gobiernos. Las cárceles siguen siendo lugares de encierro para ir a tirar tras las rejas a ciudadanos, amontonar a los delincuentes o criminales, junto con quienes por azar del destino fueron encarcelados.

Han funcionado como una escuela de delincuentes, pues el Estado no ha cumplido con su función de hacer de ellas centros de readaptación social; por el contrario, el que cae en esos antros, no sólo sufre abusos sino, a la vez, puede corromperse y corromper, y aprende a delinquir

Han sido los lugares en donde los “encargados” pisotean a su gusto la dignidad humana, con el visto bueno de altas autoridades que no se preocupan por atender las denuncias de vejámenes y extorsiones que se cometen.

Las condiciones son pésimas: en donde hay luz, faltan drenajes; en donde hay drenajes, no hay agua. La población carcelaria vive hacinada, durmiendo sentada o turnándose para dormir. Todas las cárceles están rebasadas en su capacidad, mientras un alto porcentaje, recluido por faltas, espera pacientemente a que los jueces se dignen llamarles a declaración para dictar sentencia.

En no pocos lugares, las comisarías sirven de prisión preventiva y existen denuncias de abusos y hasta violaciones de mujeres que por una u otra causa son detenidas. Según un estudio del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales, 58.8 por cienro de jóvenes en la cárcel, dijo ser víctima de maltrato físico, responsabilizando en 54 por ciento de los casos al personal que lo atiende para reinserción en la sociedad; 13.73 por ciento, a guardias, y 23.53 por ciento, a otros reclusos. El año pasado se denunció la violencia contra mujeres detenidas en comisarías de la capital, las cuales no fueron investigadas.

La situación que prevalece es en buena medida responsabilidad de los diputados que engavetaron durante largos años el anteproyecto de ley del Sistema Penitenciario y que hoy deben tomar conciencia, al igual que los operadores de justicia, de la gravedad de la situación frente a la cual no pueden seguir siendo indiferentes.

La constatación y aceptación de esa realidad por parte de autoridades es positiva, pero se necesita transformar el sistema.

*Activistas de derechos humanos

Fuente: www.prensalibre.com - 130507


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