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Los flamantes diputados
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 12 de junio de 2007

Cuando escuchan la frase CICIG se agachan.

Si de algo no dan muestras los congresistas es de voluntad política para hacer avanzar el proceso de democratización y para poner diques a la impunidad imperante, aprobando una serie de leyes que siguen pendientes y que ni siquiera están en agenda o que las comisiones no han dado su veredicto para que pasen al pleno. Algunos de ellos plantean que las cosas hay que dejarlas para septiembre, después de las elecciones, porque todo lo que hagan beneficia al partido oficial. Esto no es cierto, puesto que son anteproyectos que tienen años de estar pendientes y en los cuales entran a jugar otro tipo de intereses políticos o de relaciones nefastas que impiden que esas leyes pasen.

El pueblo tiene que pensar bien su voto, hay más de 70 de ellos que pretenden reelegirse y entre el resto de candidatos hay un montón que, si el Tribunal Supremo Electoral, de común acuerdo conAdela de Torrebiarte, se pusiera las pilas, no pasaría la prueba de cocaolemia y salvaría al país de una futura legislatura más desastrosa que la actual. Por supuesto, sería un gran aporte a la lucha contra la impunidad y al saneamiento de los poderes del Estado y sus instituciones ya cancerígenas.

Así sucede con las leyes de seguridad. Mientras la inseguridad ciudadana avanza, el Presidente no encuentra la vacuna ad hoc para frenar la violencia y se declara incapaz de controlarla porque rebasa las fuerzas del Estado, los diputados discuten algunos aspectos sin trascendencia y cuando escuchan la frase CICIG, se agachan, se esconden entre las curules y gateando buscan la salida del Hemiciclo, mientras el Presidente del Congreso ve de reojo el marcador hasta que tiene la oportunidad de somatar el escritorio y declarar solemnemente “se suspende la sesión por falta de quórum”.

La Ley de Tenencia de Armas y Mu-niciones, que sigue bajo control militar, así como la que se supone meterá en cintura a las empresas privadas de seguridad en las que se refugian un montón de rufianes, muchos de cuyos dueños son militares, se quedan estancadas porque no conviene su aprobación a los intereses de unos cuantos, como no conviene la creación de la muy mentada Comisión Internacional contra la Impunidad, la cual nunca los impunes podrán aprobar.

Lo mismo sucede con la Ley que crearía la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas, porque las desapariciones continúan y no parece convenir a ciertos grupos que han revertido la frase de Guatemala, país de la eterna primavera, en el país de la eterna impunidad.

Piense su voto, para botarlos a la hora de votarlos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 110607


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