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Ni justicia ni resarcimiento
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 21 de junio de 2007

Veintisiete años después seguimos a la espera.

Los minutos, las horas, los días, los años, las décadas siguen pasando y golpeando la memoria, porque el momento aquel en que los esbirros, vestidos de civil y policías, bloquearon las calles, violentaron el portón y allanaron la sede de la Central Nacional de Trabajadores, no puede olvidarse. Las caras siniestras de los matones a sueldo que vigilaban, perseguían, amenazaban, secuestraban y desaparecían dirigentes a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, están presentes, como lo están quienes dieron órdenes, dirigieron y hasta torturaron trabajadores y mujeres cuyo “delito” era reivindicar su derecho a vivir en una sociedad democrática en la que pudieran ejercer plenamente sus derechos.

La maquinaria de la muerte en las áreas urbanas fue dirigida por Donaldo Álvarez Ruiz, Germán Chupina Barahona, Pedro García Arredondo y, por supuesto, participaron en ella los ya fallecidos en la impunidad, Romeo Lucas García y Manuel de Jesús Valiente Téllez, y si el infierno existe, vueltas han de estar dando para asesinar diablos. No me da ni pizca de lástima que Chupina esté enfermo, bajo arresto. Debe ser condenado. Lo siento por su familia, que jamás imaginó tener un pariente sanguinario, ni mucho menos que todo se paga en esta vida.

El tiempo sigue transcurriendo, y las lágrimas de esposas, madres, hijos, hermanas o novios de los y las trabajadoras secuestradas y desaparecidas, siguen corriendo, siguen bajando lenta y transparentemente de ojos cansados de llorar y sondear el horizontes en espera de la verdad y la justicia, porque ambas son el mayor resarcimiento que esperan y no los pinches centavos que el llamado Programa Nacional les regatea y por los cuales les obliga a repetir una y otra vez su testimonio, su triste historia de aquel momento de dolor y la persecución y acoso que sufrieron después de los hechos para que guardaran silencio, para que no ejercieran su derecho de petición y de justicia.

Veintisiete años después, así con mayúscula, seguimos la espera, mantenemos el recuerdo de aquellos 27 compañeros y compañeras sacados violentamente de la CNT, pero también exigimos la verdad y la justicia, la persecución implacable a Donaldo Álvarez y Pedro García Arredondo; esperamos que no queden libres ni Chupina ni Aníbal Guevara y, por supuesto, la ejecución de la orden de captura de genocidas como Ríos Montt y Mejía Víctores, que dieron continuidad en el campo a la persecución y muerte de millares de campesinos.

Reto, si así puede llamarse, a un debate público a los esbirros mencionados para que expongan su verdad frente a los hechos, mientras esperamos que un tribunal los juzgue por criminales.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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