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30 de junio de lucha y protesta
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 2 de julio de 2007

Sólo tienen que revisar las páginas de la historia.

Las agallas están quedando en las nuevas generaciones, por supuesto no de todos los sectores sociales, sino de aquellos que fueron víctimas del enfrentamiento armado y, más concretamente, víctimas de los esbirros que actuaron contra la población civil, que perdieron a sus seres queridos.

Son ellos los hijos de los detenidos desaparecidos que no han encontrado una respuesta en el sistema de justicia, como no la hemos encontrado quienes continuamos la lucha porque los victimarios sean llevados a juicio. Todos los esfuerzos se estrellan en los edificios del Ministerio Público, la Corte Suprema y la Corte de Constitucionalidad en donde la investigación se paraliza o parcializa o donde los fallos dejaron de ser jurídicos. El Fiscal General sabe a qué me refiero, porque él es quien manda a sepultar los expedientes y hasta prohibir determinadas acciones de quienes quieren cumplir con sus obligaciones.

Los hijos de revolucionarios o de ciudadanos, hombres y mujeres jóvenes en aquellos tiempos, comprometidos con el movimiento social y que empujaron el carro de la historia hacia adelante, tienen razón de tomar las calles, de levantar las banderas de la dignidad, de ver a los que se parapetan atrás de un escudo y una máscara para tirar bombas, como los cómplices de criminales del pasado, de un sistema de justicia parcializado, de un Estado excluyente y un Gobierno al servicio de unos pocos, que no quiere saldar las cuentas del pasado injusto, porque su raigambre los obliga a servir esos intereses. Muchos piensan que el perdón y el olvido son el camino, y no la justicia que sanará las heridas del pasado, pues llevará a pensar al pueblo que las nuevas generaciones de oficiales y soldados no son responsables, no responden a consignas criminales, ni quieren volverse verdugos de quien les paga su salario: el pueblo.

Las actitudes radicales, la salida un 30 de junio a las calles, es para reivindicar a los mártires y es para decirles a esos jóvenes cadetes, que también existió un 13 de noviembre que tuvo nombres y apellidos de oficiales como Turcios Lima, Yon Sosa, Alejandro de León y otros. Que el 2 de agosto del 54 existió porque fueron los cadetes, “los héroes de 15 años” como los llamó Enrique Wer, quienes se levantaron en armas contra los militares vendepatrias. Los mismos sentimientos de dignificar a la patria tienen los jóvenes de hoy que luchan por construir una patria donde prevalezca la verdad y la justicia y donde ustedes, jóvenes oficiales, no sean como los veteranos, ni les imiten, ni se presten para defender genocidas y criminales.

Sólo tienen que revisar las páginas de la historia, no las escritas por los miembros de la inteligencia de esa época, sino las escritas por el pueblo a través de miles de testimonios de víctimas. Nosotros, los viejos, apoyamos la decisión de los jóvenes de hoy de gritar: ¡Ejército genocida y criminal! y de exigir justicia, porque mientras ésta no se imponga, las heridas seguirán abiertas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt -


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