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El viejo sabio
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 26 de julio de 2007

Crímenes que no se castigan, crímenes que se vuelven a cometer.

Al viejo sabio, aquel que dio una serie de enseñanzas sobre el comportamiento de los seres humanos, ya lo olvidaron los candidatos a los puestos de elección y especialmente los presidenciables que se obstinan por llegar a ser los mandamases del país y poco les importan los medios, pues tienen el ojo puesto en el objetivo, aunque para ello pisoteen a los demás y hagan a un lado la ética, los principios y valores fundamentales que debieran ser inquebrantables. Hace ya más de dos mil años, un joven que apenas alcanzaba los 33 años, expresó ante un grupo de hipócritas que se preparaban para lapidar a una mujer que, el que estuviera limpio de pecado, que aventara la primera piedra. A diferencia de los dirigentes políticos guatemaltecos actuales, por lo menos los de aquella época tuvieron vergüenza, se vieron así mismos y se fueron largando uno por uno.

Los nuestros, miran alrededor en busca de tetuntes, escarban archivos y si no encuentran nada, inventan o agarran cualquier cosa para aventarla con fuerza contra la humanidad de sus contrincantes, esas palabras sabias, para ellos ya no tienen validez, son de un viejo que vivió hace mucho tiempo y no caben en la guerra sucia de este proceso electoral. Así no se hace política de altura ni se enseña a las nuevas generaciones, por el contrario son el ejemplo claro de lo que no se debe hacer. En los últimos días, con la discusión pública sobre la creación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que saca a flote el estiércol, todos se lavan las manos, son santos vestidos de primera comunión, le caen encima al contrincante y no son capaces de aceptar sus propias culpas, ni de limpiar su propia casa, salpicada con los recursos del crimen organizado.

Parece que se hace necesario que el viejo sabio repita sus palabras a todo pulmón, para que le escuchen el montón de candidatos que se están agarrando a ladrillazos unos a otros, para que se den cuenta del débil techo de vidrio que les protege, pues como siempre, la ciudadanía no cree todo lo que dicen ni deja de creer y se sigue preguntando ¿quién de todos está limpio? ¿Quién de todos es capaz de dar ejemplo? ¿Quién de todos no está movido por intereses oscuros? ¿Serán capaces de gobernar el país y transformarlo?, todo lo que ven y escuchan, les decepciona, les desanima y ven sin esperanza el futuro.

Por ello se hace más importante ejercer plenamente la ciudadanía, cuestionar a las dirigencias, exigir, proponer, reflexionar detenidamente el voto, y dar la batalla por la verdad, la ética y respeto a los principios y valores fundamentales para que no se siga escondiendo el estiércol bajo las propias mesas de trabajo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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